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El paciente de nombre Alan estaba en estado delicado de salud, padecía una insuficiencia cardíaca avanzada y de larga evolución, y requería una intervención de manera urgente. Era la cuarta operación a la que debía someterse.

«Había tenido una secuencia de cirugías cuando era un niño, en la primera intervención le descubrieron que tenía estenosis pulmonar, lo que implicó que el paciente use una suplementación de la arteria pulmonar; y en la última que le hicieron, cuando tenía 17 años, se le colocó una prótesis que con el tiempo se le había infectado y para solucionarle el problema se procedió a la cirugía, ya que no podía resolverlo con antibióticos. Dicha operación implicó acceder al corazón, hacer una parada cardíaca y reemplazar todo el tejido infectado, es decir la válvula pulmonar y la arteria pulmonar con tejido de un donante», explicó el doctor Gonzalo Pomares.

«Alan durante la intervención sufrió un shock hipervolémico que requirió de múltiples transfusiones cuando intentaron hacer el cierre primario de la cirugía, que no se podía hacer porque se descompensaba. Por tal motivo, se decidió realizar un cierre diferido, es decir el paciente salió del quirófano con el tórax abierto, estaba con respirador y así permaneció durante 48 horas en la unidad de terapia intensiva con alto riesgo de infecciones, pero su evolución fue favorable, lo que permitió que Alan ingrese nuevamente a quirófano para realizarle el cierre definitivo. Una vez superada esta instancia, el joven mejoraba día a día hasta que llegó el alta y luego de veinte días de internación, regresó a su casa», relató.

«Este es un tipo de operación no frecuente, se tiene que dar toda una serie de condiciones para que un paciente llegue a esa instancia. Además, lo complejo de la cirugía es el hecho de la reoperación que uno realiza al paciente, porque implica un aumento porcentual importante de la mortalidad, porque las cicatrices de anteriores cirugías hacen muy complejo el abordaje. Pero el hospital se encuentra a la altura de poder realizarlo, tiene el equipo necesario que trabaja de urgencia los siete días a la semana y las 24 horas», destacó el médico.

La historia clínica de Alan comienza a escribirse en el Hospital Garrahan con la primera cirugía  que fue en 1998, la segunda en 2009 y la tercera en 2013. Y luego, al cumplir los 16 años, Alan fue derivado al Hospital Cosme Argerich para su seguimiento en el consultorio de cardiopatías congénitas del Adolescente y del Adulto. Luego, el paciente fue trasladado al hospital El Cruce para realizar la cuarta operación.

El Dr. Alejandro Jorajuría, cirujano cardiovascular, especificó: «En el Hospital Argerich no tenían la posibilidad quirúrgica, por eso El Cruce entró a ser parte de esta secuencia multi institucional. En medio de la pandemia realizamos los ateneos por zoom con los médicos tratantes de Alan en el Argerich; intervinieron el Dr. Tomás Cianciulli, la Dra. Paula Koslowski también participaron los profesionales que lo atendieron en el Garrahan: la Dra. Marcela Mouratiano y el Dr. Carlos Fernando Rosental y por el Hospital El Cruce participaron las doctoras Paula Manso, Julia Peña y Pilar Anoni. Fue un gran trabajo en red que realizaron los profesionales».

Cabe subrayar que, el Hospital El Cruce hace diez años que viene desarrollando el programa de cardiopatías congénitas en adultos y es el único hospital operativo que está dando respuestas a esta población.

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