El 11 de abril de 2026, el papa León XIV encabezó una vigilia de oración por la paz en la Basílica de San Pedro, donde lanzó un fuerte llamado a los líderes mundiales (sin dar nombres específicos) para detener los conflictos armados y priorizar el diálogo.

En su mensaje, el Sumo Pontífice condenó lo que definió como un “delirio de omnipotencia” que, según advirtió, se vuelve “cada vez más impredecible y agresivo”, y que alimenta las guerras en distintas regiones del mundo.

“Queridos hermanos y hermanas, ciertamente existen responsabilidades ineludibles que recaen sobre los líderes de las naciones. A ellos les clamamos: ¡Alto! ¡Es hora de la paz! ¡Siéntense a la mesa del diálogo y la mediación, no a la mesa donde se planea el rearme y se deciden acciones letales!”, expresó ante miles de fieles.

El Papa, de origen estadounidense, relató su experiencia personal para reforzar su mensaje: “Yo pertenezco a la generación que vivió la Segunda Guerra Mundial y sobrevivió. Siento el deber de decir a todos los jóvenes: ‘¡Nunca más la guerra!’”.

Durante la ceremonia, cuestionó con dureza las lógicas de poder y llamó a un cambio de paradigma: “¡Basta de idolatría del yo y del dinero! ¡Basta de ostentación de poder! ¡Basta de guerra! La verdadera fuerza se demuestra sirviendo a la vida”.

Asimismo, remarcó que la responsabilidad no recae únicamente en los dirigentes políticos, sino también en la sociedad en su conjunto. En ese sentido, convocó a construir “un reino de paz” en los ámbitos cotidianos, desde los hogares hasta las comunidades, promoviendo la amistad y la cultura del encuentro.

“La oración no es un refugio para eludir nuestras responsabilidades, no es un analgésico para evitar el dolor que desata tanta injusticia. Es, en cambio, la respuesta más gratuita, universal y disruptiva a la muerte”, concluyó.

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