El llamado Último Último Día (UUD) se posicionó en los últimos años como un tradicional festejo del egreso, entre los estudiantes del nivel secundario. Lo que comenzó como la despedida de una etapa escolar se transformó en una celebración extendida, ruidosa y, en muchos casos, riesgosa. La noche previa al cierre del ciclo, grupos de alumnos se reúnen en salones alquilados, casas quintas o viviendas particulares, donde pasan horas bailando y consumiendo bebidas (mayormente con alcohol). Al amanecer, sin dormir, se trasladan hacia el colegio para vivir su última jornada como estudiantes.
La Palabra dialogó con Morena S., de 18 años, quien participó de uno de estos encuentros en Berazategui. “Se hace una joda un día antes de terminar la escuela y toda la noche toman bebidas, alcohol. Después amanecemos y vamos al colegio”, contó. Según la joven, el festejo continúa después de las clases: “La idea es hacer las horas de colegio, después salir y tirarnos espuma, encender bengalas y esas cosas”.
Aunque originalmente era una tradición reservada para quienes finalizan la secundaria, en los últimos años los estudiantes de quinto año también comenzaron a imitar esta tradición, multiplicando variantes como el Último Primer Día, la Caravana de Quinto o incluso su propio “Último Último Día”. En algunos barrios de Berazategui, como Ranelagh, vecinos manifestaron semanas atrás molestias por ruidos nocturnos, suciedad y disturbios provocados por grupos estudiantiles que recorrieron las calles con bombos, banderas y muchas botellas de alcohol.
A diferencia de antiguas despedidas más sencillas, los festejos actuales suelen incluir salidas nocturnas, indumentaria intervenida, bengalas de humo, y el excesivo consumo de alcohol. El entusiasmo por marcar el cierre de una etapa, convive con prácticas que generan preocupación como el consumo de alcohol y cigarrillos, falta de descanso y ocupación sin control del espacio público.
Si bien celebrar el fin de una etapa escolar es algo muy esperado por la mayoría de los estudiantes, el formato que adquirieron estas reuniones pone sobre la mesa un debate necesario. Familias y docentes coinciden en que el desafío es encontrar un punto de equilibrio para que el UUD y sus variedades de festejos, puedan seguir siendo un recuerdo alegre sin transformarse en un riesgo para los propios jóvenes ni en un conflicto para lo que los rodea.
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