La posibilidad de que jóvenes de 18 años puedan acceder a una banca como concejales en la provincia de Buenos Aires volvió a instalarse en el debate político. El proyecto, presentado por el diputado provincial Pablo Morillo y respaldado por el presidente de La Libertad Avanza bonaerense, Sebastián Pareja, propone reducir de 25 a 18 años la edad mínima exigida para ocupar esos cargos. En ese marco, La Palabra dialogó con el concejal y referente del espacio en Berazategui, Mario Molver, quien respaldó la iniciativa y reflexionó sobre la participación juvenil en la política.
-¿Por qué cree que sería necesario bajar de 25 a 18 años la edad para ocupar una banca?
“Porque si a los 18 años una persona puede votar, trabajar, emprender, pagar impuestos e incluso asumir distintas responsabilidades civiles, también debe tener el derecho de representar a sus vecinos. La democracia se fortalece ampliando oportunidades y permitiendo que más ciudadanos participen de la vida pública”.
-¿Qué cambios podría aportar esta medida a un municipio?
“Principalmente una mirada nueva sobre los desafíos actuales. Los jóvenes conocen de primera mano problemáticas vinculadas a la educación, el empleo, la tecnología, la seguridad y el acceso a oportunidades. Incorporar esas voces al Concejo Deliberante puede enriquecer el debate y acercar la política a una generación que muchas veces se siente alejada de ella”.
-¿Cómo ve la participación de los jóvenes en la política actualmente?
“Veo una participación cada vez más activa. Los jóvenes dejaron de ser espectadores para convertirse en protagonistas. Hoy se involucran, opinan, debaten y participan en distintos espacios políticos y sociales. Lo importante es que las instituciones estén preparadas para darles lugar y escuchar sus propuestas”.
-¿Hay jóvenes de La Libertad Avanza en Berazategui que podrían aspirar a ocupar una banca si se concreta esta medida?
“Sin ninguna duda. En Berazategui contamos con muchos jóvenes comprometidos, capacitados y con vocación de servicio. Hay una generación que participa activamente, que trabaja en los barrios, que estudia, que emprende y que tiene mucho para aportar a la discusión pública”.
-Algunos sostienen que a los 18 años todavía no hay experiencia laboral ni política suficiente para gestionar temas públicos. ¿Qué respondería a ello?
“La experiencia es importante, pero la edad por sí sola no la garantiza. Hemos visto dirigentes de 50 o 60 años tomar malas decisiones y jóvenes liderar proyectos exitosos con gran capacidad y responsabilidad. Además, hoy existen jóvenes de 18, 20 o 22 años que ya son profesionales, que están recibidos o próximos a recibirse de la universidad. Muchas veces cuentan con más preparación, más formación y más conocimiento técnico que personas de mayor edad”.
“Lo importante no es la edad de una persona, sino su capacidad, su compromiso, sus valores y su vocación de servicio. En definitiva, será la sociedad quien evalúe en las urnas quién está preparado para representarla. La democracia no se fortalece poniendo barreras, sino ampliando oportunidades y permitiendo que los ciudadanos elijan libremente a quienes consideran más aptos para ocupar una banca”.
-¿Qué problemáticas juveniles de Berazategui cree que hoy no están suficientemente representadas en el Concejo?
“Creo que falta profundizar temas como el acceso al primer empleo, la capacitación laboral, el emprendedurismo joven, la inserción en nuevas tecnologías, la seguridad en los entornos educativos y las oportunidades de desarrollo para quienes terminan sus estudios. Son temas que impactan directamente en miles de jóvenes y que merecen una voz más fuerte dentro de los ámbitos de representación”.
-¿Qué reflexión final le deja?
“No podemos pretender resolver los desafíos del siglo XXI con reglas pensadas para una realidad de hace más de 173 años. El mundo avanza, la tecnología transforma nuestras vidas, las formas de trabajar, estudiar y comunicarnos cambiaron profundamente, y las instituciones tienen la responsabilidad de acompañar esos cambios. Por supuesto que debemos preservar los principios fundamentales de nuestra democracia, pero también debemos animarnos a modernizar aquellas normas que ya no reflejan la realidad de la sociedad actual”.
“La historia demuestra que las sociedades que progresan son aquellas que saben adaptarse a los nuevos tiempos. Después de 173 años, no estamos hablando de romper las reglas ni de abandonar nuestras instituciones; estamos hablando de actualizarlas para que representen mejor a los ciudadanos de hoy y estén preparadas para los desafíos del mañana. Porque modernizar no es destruir. Modernizar es mejorar. Es permitir que nuestras instituciones sigan siendo útiles, representativas y acordes a la realidad que vivimos”.
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