La Comisión Nacional de Pastoral de Adicciones y Drogadependencia del Episcopado argentino emitió un comunicado en el que denunció que el avance del narcotráfico en los barrios más vulnerables no está siendo enfrentado por el Estado. El mensaje estuvo acompañado de la firma de dignatarios de la Iglesia, entre ellos el obispo Carlos Tissera (de la Diócesis de Quilmes), y se enmarcó en la consternación por los brutales asesinatos de Morena Verdi, Brenda Del Castillo y Lara Gutiérrez.
“Nos solidarizamos con las familias de Morena, Brenda y Lara por el brutal asesinato que han sufrido estas jóvenes. Una vez más nos encontramos frente a un episodio trágico en nuestra sociedad, producto del avance del narcotráfico, especialmente en los barrios más vulnerables de nuestro país”, señaló la comisión. El texto recordó además palabras recientes del Papa Francisco, quien advirtió que los narcotraficantes son “traficantes de muerte” movidos por el poder y el dinero, y que esta plaga exige un acto de valentía de toda la sociedad.
“Necesitamos que la presencia del Estado, a través de los órganos de justicia y de seguridad, sea inteligente y cooperadora, a fin de sostener a cada una de las instituciones que están presentes en los barrios, brindando respuestas efectivas, la fuerza del consuelo y el abrazo de la fraternidad”, sumaron.
En paralelo, el Equipo de Sacerdotes de Barrios Populares y Villas lanzó otro duro comunicado en el que remarcaron que “el corrimiento del Estado deja lugar al crecimiento del narcotráfico” y que los crímenes de jóvenes no son hechos aislados, sino parte de una trama estructural. Los curas villeros (varios de ellos bajo amenazas de muerte) denunciaron que hace décadas el narco se instaló en las comunidades y que muchas veces la acción estatal llega con fines políticos antes que sociales.
En sus declaraciones, señalaron la descomposición comunitaria en parroquias, clubes, comedores y centros de salud, lo que genera un terreno fértil para que el narcotráfico avance junto a la trata, los prestamistas y la captación de jóvenes como “soldaditos”. También criticaron la falta de urbanización, la reducción de planes sociales y la ausencia de oficinas estatales en los barrios.
Finalmente, los sacerdotes marcaron dos caminos clave: urbanización y apertura de oportunidades como respuesta integral frente al flagelo. Coincidieron en que la presencia de la Iglesia y de organizaciones comunitarias es esencial, pero no suficiente si el Estado no se hace presente de manera inteligente y cooperadora.
El comunicado:

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