Operó gratuitamente a miles de personas ciegas por cataratas, en Argentina y el exterior. Desde el Centro Oftalmológico San Camilo hasta rincones remotos de África, su profesión combina compromiso y solidaridad.

El Doctor Gerardo Valvecchia no solo es un reconocido oftalmólogo argentino, sino también un médico con una vocación muy ligada a la solidaridad. A lo largo de su carrera, ha operado gratuitamente a miles de personas que padecían ceguera por cataratas y que, por su situación económica, no podían acceder a un tratamiento.

Su trabajo se lleva a cabo, en gran parte, a través de la Fundación Elena Barraquer, con sede en España, con la que ha recorrido países como Mozambique, además de llegar a regiones de extrema necesidad en Argentina como El Impenetrable, en Chaco, o comunidades aisladas de Salta, y con el apoyo de clubes de Leones.

Desde La Palabra conversamos con él sobre su trayectoria, sus emociones en cada misión y su visión del sistema de salud.

¿Cómo se prepara emocionalmente para trabajar en contextos de tanta necesidad?
-Es difícil, uno no está preparado nunca emocionalmente para las cosas que recibís. Siempre recibís mucho más de lo que das. La satisfacción cuando volvemos, es total. Volvemos con el corazón un poquito más grande. Terminamos exhaustos, porque es un trabajo intenso, que dura varios días (casi una semana),de 8 de la mañana a 8 de la noche, no paramos. Entonces uno vuelve muy cansado, pero feliz.

¿Cómo es la logística de las operaciones en esos lugares?
-Gigante. A veces operamos en quirófanos que no son quirófanos. Cuando vamos a África o a algún lugar donde está bien escondido, tenemos que transformar algún salón de escuela en un quirófano. Entonces, es una preparación de meses cada campaña, donde no puede faltar absolutamente nada. Nosotros llevamos los equipos para operar, los microscopios, las máquinas para la esterilización, los lentes que se ponen dentro del ojo, los campos quirúrgicos, las gazas, los sueros, el alcohol. Nada puede faltar, ni una aguja. Después, más o menos uno va sabiendo las cantidades que necesita de cada cosa ,porque se va haciendo a la práctica y son cientos de kilos para una misión humanitaria.

En su paso por el Centro Oftalmológico San Camilo, ¿cuántas cirugías realizó?
-En San Camilo tengo una relación especial. Hace muchísimos años, junto al Dr. Mussi y el Dr. Eduardo Podestá, que era el Secretario de Salud en aquel momento, pusimos la piedra fundamental. Era un terreno baldío. Yo lo quiero y lo mimo como si fuera parte de mí, que de hecho es parte de mí. Yo sigo siendo el jefe de cirugía de San Camilo y lo trato realmente como si fuera propio. Estoy muy contento con lo logrado. Son miles de cirugías, pero miles de cirugías. Uno va perdiendo la cuenta. En un día se puedan operar 80 cataratas. La cuenta es gigante. Hay muchísimos vecinos de Berazategui y otras zonas aledañas que se vieron y ven beneficiados por San Camilo.

¿Hay algún caso que lo haya marcado especialmente?
-Hay muchísimos casos que te marcan para toda la vida. Un caso puntual que pasó en Berazategui, fue cuando inauguramos el Centro Oftalmológico San Camilo. Nosotros teníamos el temor, los nervios del debut. Era algo nuevo, máquinas nuevas, personal nuevo, todos los quirófanos, todo. Entonces teníamos una lista de 30 o 40 pacientes y estaba programado que venga el Dr. Mussi. Era temprano. Entonces yo puse, a propósito, pacientes más fáciles para operar a primera hora, porque él iba a venir e iban a estar algunos periodistas presentes. Entonces yo quería que todo fluya rápido y que fuera bien. ¿Qué pasa? El doctor estuvo en otro acto antes y se atrasó, como pasa muchas veces. Entonces cuando Mussi llegó a San Camilo, justo era un paciente que estaba ciego de los dos ojos, que desde hacía muchísimos años que tenía unas cataratas terribles. Eso me ponía un poquito más de estrés a mí. Lo operamos, anduvo perfecto. Cuando le destapo el ojo, la primera frase que dijo fue, mirándose los dedos de la mano, ‘Veo, veo la mano, volví a ver’. Se puso a llorar. Todos nos pusimos a llorar. Y cuando se levanta, a la primera persona que ve es al Dr. Mussi. Y le dice ‘Doctor’ y le da un abrazo. ¿Por qué? Y es que era un empleado municipal antiguo, que lo conocía desde cuando eran jóvenes los dos. Eso fue absolutamente impactante.
Otro caso es el de una bisabuela que operamos hace muchos años. Ella no conocía a sus bisnietos.Tenían cuatro o cinco años los chicos y nunca los había visto, y cuando la operamos, lo primero que nos dijo es, ‘conocí a mis bisnietos’. Hay muchas cosas que te marcan para siempre.

¿Qué siente en el momento exacto en que un paciente recupera la vista?
-Es una emoción inmensa, difícil de contar. Uno lo vive y lo sigue viviendo. Es una alegría del paciente y nuestra. A nuestra jefa, Elena Barraquer (que es de la fundación de la que yo soy parte, que se llama Fundación Elena Barraquer), lo que yo le digo siempre, es que ella transforma vidas para siempre. Transforma vidas de los pacientes que se operan porque vuelven a ver, y transforma vidas de todos los que la acompañamos, porque no volvemos a ser nunca los mismos. Cambia a todos para bien.

¿Cómo evalúa el sistema de salud en Argentina en comparación con otros países?
-No es malo, pero somos un país pobre que siempre está con problemas económicos. Y lamentablemente, para este tipo de cirugías hace falta dinero, muchísimo. Tenés algunos lugares que son como islas donde todo funciona bastante bien, y otros lugares donde las cosas no funcionan tan bien. Nosotros estamos para ayudar en todos lados.
El nivel de cirujanos de ojos de Argentina es fabuloso. De hecho, en la Fundación Elena Barraquer, en España, el primer argentino fui yo, ya ahora creo que somos más de veinte o treinta cirujanos argentinos.

¿Cómo es la relación con los clubes de Leones?
-Fantástica. De hecho, yo soy miembro en Clubes de Leones. Con Berazategui y Quilmes tenemos un amor especial, porque realmente ellos nos han ayudado muchísimo con las campañas. Nos han provisto de instrumental e insumos. Realmente, ojalá que podamos seguir muchos años juntos trabajando. Una de las premisas del leonismo es primero la vista. Entonces, muchos de los esfuerzos que hacen los Clubes de Leones es para tratar de devolverle la vista a la gente.
Ni hablar, cuando estuvimos en Salta, los miembros de Clubes de Leones eran quienes iban a buscar a la gente, seis horas en auto, en medio de la nada de la montaña. Buscaban a los pacientes, los traían a Salta Capital, los volvían a llevar. La visión y el leonismo siempre van de la mano.

¿Qué mensaje le daría a otros médicos con intenciones solidarias?
-Por suerte ya hay muchísimos médicos que se animan y son parte de estas campañas. Es increíble como siempre hay gente con ganas de ayudar, pero no solamente médicos. Estas campañas son muy caras y nosotros necesitamos de insumos, por ello, muchos laboratorios en Argentina nos donan cosas. Algunas cosas compramos, pero muchísimas de las cosas son donaciones. Por suerte hay muchísima gente con ganas de ayudar: médicos, no médicos, enfermeras, instrumentadoras. Hay personas que me llaman y dicen ‘yo voy a levantar paquetes, pero voy’, y vienen. La verdad que hay muchas ganas de ayudar. El argentino es muy solidario y sigue siéndolo.

¿Tiene alguna misión próxima?
-Sí, a fines de agosto vamos a Córdoba para operar a unos 200 pacientes ciegos por cataratas, junto a la Sociedad Oftalmológica de Córdoba. Ellos ya están trabajando hace meses en la búsqueda de esos pacientes, están atendiendo y dejando sus propios consultorios para ir a ver a los pacientes. Así que la próxima misión es allí. 

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