El 3 de diciembre se celebró el Día del Médico. Una fecha que este año, más que ningún otro, los encuentra trabajando arduamente frente a una enfermedad que apenas se conoce y que causó millones de muertos en el mundo. Como homenaje, decidimos escuchar a un médico que está en las trincheras, y que es querido y respetado profesional y humanamente.
«Llegamos dentro de todo bien a fin de año. Fue un año muy duro, pero trabajamos mucho para estar a la altura de las circunstancias. Tuvimos hasta 50 personas internadas por COVID y hoy tenemos 4 o 5, por suerte bajaron mucho los casos, pero no tenemos que relajarnos», señalo el doctor Martín Garaycochea, Director Médico Asociado del Hospital Evita Pueblo. Y agregó: «Al principio era todo incertidumbre porque no sabíamos si tendríamos 50 o 500 personas. Si nos íbamos a desbordar o qué sucedería, por suerte pudimos manejarnos y hoy sencillamente es una enfermedad a la que le perdimos el miedo, pero no el respeto».
«Sin duda fue un año difícil, estresante. Desde el punto de vista de no saber qué teníamos por delante. Porque normalmente todos sabemos qué tenemos que hacer, cuál es el trabajo de cada uno, pero en este contexto había mucha incertidumbre. Me encontré, por ejemplo, comprando 200 bolsas para cadáveres, preocupado porque no nos falten los barbijos ni los elementos de seguridad. Eran cosas que frecuentemente no hacíamos porque era todo mecánico, pero ahora teníamos que poner el acento», subrayó.
«Lamentablemente tuvimos que despedir a colegas que fallecieron por COVID y eso causó mucha tristeza. Pero seguimos adelante en este desafío. Tratamos a diario que no falten los elementos como camisolines, cofias, ni barbijos, que son fundamentales. Además, tratamos de culminar con las obras más importantes que estaban atrasadas, como la guardia, que estaba realmente desmantelada. Gracias a subsidios del ministerio pudimos hacer algunas otras cosas que nos faltaban como reparar los generadores de luz para que arranquen automáticamente, y reparar la calefacción central. Hacía años que no se tocaba eso. Además, teníamos 5 respiradores y hoy tenemos 32 entre terapia intermedia, terapia intensiva y guardia».
Efectivamente, en la pandemia, quienes estuvieron mas expuestos fueron los trabajadores de la salud que hicieron honor a la vocación para no bajar los brazos.
Garaycochea entró por primera vez al Hospital Evita Pueblo antes que éste estuviera inaugurado. «No había sillas ni escritorios. Con el doctor José Potito nos sentábamos en dos banquitos y nos íbamos cuando se nos terminaba la luz natural, fue así como lo íbamos diseñando. Cuando comenzó a funcionar había que ordenar y estructurar todo el área de cirugía, y fueron más de 8 años en los que vine al hospital todos los días», recordó el galeno.
Se recibió a los 25 y realizó su residencia en el Hospital Churruca. Allí también hizo la especialidad que finalmente ejerció durante toda su larga carrera. «En principio quería hacer ginecología, pero luego me quede con cirugía», apuntó. Hijo de un médico cirujano, conoció un quirófano a los 16, una visita que le cambió la vida para siempre.
Dice que su vocación siempre fue la medicina y que «la gestión vino de rebote», que tienen el orgullo de ser uno de los pocos hospitales en «no haber tenido casi derivaciones por el COVID, solo por casos más complejos» y que «nunca vieron sobrepasada» la capacidad.
Durante el pico que se dio entre los meses de agosto y septiembre tuvieron entre 15 y 20 profesionales con licencia por padecer la enfermedad o por estar aislados esperando el pronóstico. «Ni en ese momento estuvimos desbordados. Ahora tenemos que ver cómo se manifiesta en la segunda ola, ya que en Europa estamos viendo que afecta a mucha gente joven, que ya no tuvo los cuidados suficientes. Es cierto que las restricciones sociales son muy difíciles de mantenerlas por tanto tiempo, pero la verdad es que deberíamos seguir cuidándonos como lo hicimos en el primer momento, evitando las concentraciones y la circulación del virus hasta tanto llegue la vacuna».
Más tarde indicó que se están abriendo los consultorios externos «para que de a poco la gente vuelva al hospital, a tratar las enfermedades crónicas, por ejemplo. Muchos dejaron de venir por temor, pero necesitamos que vengan a controlarse los hipertensos, los diabéticos, las personas con enfermedades cardíacas. Es necesario que vengan a consultar, porque el médico tiene la última palabra», pidió.
En otro orden, contó que en este tiempo la casa de madres ya no cobija a quienes amamantan, sino a los choferes y médicos que prefieren mantenerse aislados de sus familias para evitar los contagios. El hospital se vuelve la casa de los médicos. Muchos al conocer la noticia del COVID prefirieron tomar licencia, distancia. Otros enfrentar lo desconocido con las herramientas que tenían. «Tenemos el caso de Luis Muñoz, por ejemplo, que con casi 70 años quiso seguir trabajando. Es técnico en cardiología y decidió enfrentar la pandemia junto a sus compañeros. Nos pasó lo mismo con el doctor Marini -director del Hospital-, yo tengo 64 y él 68, pero nunca bajamos la guardia. Siempre con los cuidados correspondientes, tratamos de estar presentes por cualquier problema que surja, como siempre».
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