El proteccionista animal y presidente de la Fundación Planeta Vivo, Fernando Pieroni, viajó con la intención de ingresar a Venezuela para colaborar en tareas de asistencia y rescate, pero finalmente no logró acceder al país debido a las dificultades operativas y sociales que atraviesa la región. Según relató, su objetivo inicial era realizar una primera evaluación del terreno y de las necesidades existentes antes de definir de qué manera podía intervenir la fundación.
Pieroni permaneció más de 25 horas varado en el aeropuerto de Bogotá (Colombia), a la espera de un vuelo con destino a Valencia, Venezuela, que fue cancelado y reprogramado en reiteradas oportunidades. Durante la espera, compartió la situación con rescatistas y representantes de ONGs de distintos países que también intentaban ingresar para brindar asistencia.
«Me cancelaron el pasaje, me lo iban postergando. En el aeropuerto había muchos rescatistas de diferentes partes del mundo, hasta con perros de búsqueda, que también tuvieron que volverse. Es entendible, hay un caos total, un montón de cuestiones lógicas sociales del país, pero no pudimos ingresar. Estoy un poco frustrado, triste y enojado. Hice lo que pude, mi idea era ayudar, dar una mano y ver qué se podía hacer. La idea, como siempre, es que entre todos se puede hacer más, pero me volví», expresó Pieroni.
El berazateguense explicó que no fue el único afectado por la situación. Según indicó, varios equipos internacionales de rescate tampoco lograron ingresar a Venezuela. Incluso compartió en sus redes sociales el caso de rescatistas europeos que permanecieron demorados durante casi dos días y sufrieron hasta cuatro cancelaciones de vuelos.
Pese a no haber podido concretar su ingreso, Pieroni aseguró que continuará colaborando desde la distancia, difundiendo información y brindando apoyo a través de sus redes sociales y de los recursos que tenga a su alcance. «Ojalá que se empiece a acomodar un poquito todo y que puedan permitir el ingreso de diferentes rescatistas del mundo, porque hay que entender que hay mucha gente y animales pasándola muy mal. Los animales, muchas veces, pasan a un segundo plano pese al trabajo de otras organizaciones, y se necesitan más manos», concluyó.
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