Facundo Quiroga nació en Berazategui, creció ligado al fútbol del barrio y aprendió desde chico que una pelota podía convertirse en mucho más que un juego. Sus primeros pasos fueron en el Club 19 de Julio, en Villa Mitre, y con el tiempo transitó distintas instituciones hasta llegar al fútbol profesional. Hoy viste la camiseta de la Asociación Deportiva Berazategui, el club de su ciudad, ese que alguna vez acompañó desde la tribuna como hincha y que ahora le toca representar dentro de la cancha.
En una charla distendida, el jóven nacido en 2004, recorrió su historia, habló de sus comienzos, de las dificultades y frustraciones que atravesó en lo que va de su carrera, de su presente en el Naranja y de sus sueños a futuro. También se refirió al fútbol de ascenso, al nuevo cuerpo técnico, a las apuestas deportivas y al rol que ocupa hoy como entrenador de una categoría infantil en el mismo club donde comenzó a jugar.
La Palabra fue hasta el Estadio Norman Lee, ubicado en Avenida Juan Manuel Fangio al 1750. Allí nos encontramos en la platea con Facundo Quiroga, y la primera pregunta fue inevitable:
-Estamos acá, en la tribuna de Berazategui. ¿Qué te pasa cuando entrás a este lugar y pensás que hoy sos parte del plantel profesional de este club?
“Son muchas cosas que también viví como hincha. Es el club de mi ciudad y es una locura. Hace rato que no venía acá particularmente a sentarme, por estar ahí dentro de la cancha, y nada, es hermoso”.
-¿Con quién venías a esta tribuna?
“Yo venía con mi viejo. Me traía él y ahora viene a verme jugar a mí”.
-¿Alguna vez imaginaste ese paso de estar de un lado, en la hinchada, y después del otro como jugador profesional?
“No lo imaginaba porque cuando me fui de acá lo veía lejano. Y cuando surgió todo el problema de que no seguí en Barracas y me abrieron las puertas, fue algo magnífico. Era un sueño para mí y se cumplió”.
Ese sueño llegó después de uno de los momentos más difíciles de su recorrido. En 2024, mientras esperaba una oportunidad para firmar contrato con Barracas Central, la decisión del club cambió el rumbo y lo dejó nuevamente frente a una incertidumbre que, por momentos, lo llevó a pensar en alejarse del fútbol.
-¿Qué se te pasaba por la cabeza en una situación tan compleja como quedar libre de un club?
“A mí me apartaron en Barracas Central para firmar contrato en noviembre de 2024, ya dejando algunos compañeros libres. Me habían dicho que me quedara a entrenar, que en dos semanas seguramente se juntaban conmigo y mi representante a hablar, y me quedé. Llegando a diciembre, bajó la orden del presidente de Barracas de que no firmara ninguno de los dos jugadores que habíamos quedado separados y en mi cabeza veía muy lejano también el hecho de seguir jugando al fútbol”.
Fue entonces cuando apareció Berazategui y la posibilidad de volver a vestir los colores de la ciudad donde nació.
La historia futbolística de Facundo comenzó mucho antes de llegar al Norman Lee. A los cinco años empezó a jugar en el Club 19 de Julio, del barrio Villa Mitre, donde además de formarse como futbolista encontró una pertenencia que todavía conserva.
-¿Cómo fueron tus primeros pasos?
“Yo inicié en el Club 19 de Julio, del barrio Villa Mitre, donde se juega la Liga del Torneo Evita de Berazategui. Ahí arranqué a los cinco años”.
En ese comienzo apareció una figura fundamental: su papá.
“El que siempre me llevó fue mi viejo. Me acuerdo de una tarde en la que volvía del colegio y vino mi tío con mi primo, que es un año más chico que yo, y me dijo de acompañarlo para llevar a Fabri a entrenar. Me llevó y sentí una conexión ahí. Dije: “Yo quiero jugar a la pelota”. Todavía no había dado ni mis primeros pasos y quedé ahí. De hecho, a los dos años mi viejo agarró la categoría con el papá de mi mejor amigo y ahí arranqué a jugar con mi viejo dirigiéndome desde que empecé hasta que terminé”, expresó.
-¿Cómo fue ser dirigido por tu papá?
“Sentía más presión que acá. Me acuerdo que los primeros años me ponía a llorar de bronca porque siempre sentía que me caía a mí, pero bueno, era una presión linda”.
Después llegaron otras experiencias formativas y distintos clubes. Cada etapa dejó algo que hoy forma parte del jugador que es.
“De cada lugar te llevás algo lindo. Incluso mis viejos no me podían llevar a todos los clubes. Los domingos sí porque él no laburaba. Los sábados me pasaban a buscar temprano, cerca del mediodía, y volvía eso de las siete de la tarde porque me llevaba el entrenador. Jugaba hasta para dos categorías, la mía y la 2003. Y así era: todo el día fútbol”, señaló.
Hoy Quiroga vive el fútbol desde otro lugar. Ya no como aquel chico que esperaba que lo llevaran a entrenar, sino como un jugador profesional que entiende este deporte como un trabajo, aunque la pasión siga ocupando un lugar central.
-¿Cómo viviste ese paso al profesionalismo?
“Te lo tenés que tomar como un trabajo, que es lo que es. Es algo como el que trabaja ocho horas, bueno, esto es lo mismo pero con más presiones quizás. Porque estás en un club que sinceramente no tiene que estar en la categoría en la que está y sentís esa adrenalina, esa nostalgia de querer impulsarte a ser mejor”.
Sobre Berazategui, Quiroga observa un club que, desde su llegada, encuentra más orden y una expectativa renovada: “Lo veo mucho más ordenado. Sinceramente, el año pasado capaz que estábamos medio a los ponchazos, pero fueron corriendo los meses, se fue un entrenador y agarró Rodrigo Bilbao, con quien se hizo una campaña increíble y no se nos dio el ascenso por un detalle. Y ahora está más ordenado, hasta viene mucha más gente a la cancha”.
La llegada del nuevo cuerpo técnico también significó una nueva propuesta para el plantel.
“Nicolás Martínez llegó con humildad. Trajo un profe que estaba antes acá, Walter, y lo queremos mucho. Nos inculca que juguemos en espacios reducidos, que toquemos, que seamos intensos, que no lo veníamos teniendo a eso”, destacó, y agregó: “Berazategui es un club que te impulsa a estar entre los primeros. Si vos no estás entre los primeros tres, acá la gente se te viene abajo”.
El volante explicó que el hincha del ‘Naranja’ es muy exigente, pero que a su vez, esa exigencia tiene dos caras: “Las críticas, por ejemplo, el año pasado, cuando quedamos afuera del reducido, me golpearon fuerte. Se me pasaron muchas cosas por la cabeza porque también era el primer año que sentía estar rodeado de mucha gente, el cariño, el apoyo, y cuando pasó que quedamos afuera las críticas hacia todos nos afectaron bastante. Después el cariño lo noto bastante en el día a día. De hecho, los nenes del barrio a veces te ven pasar y, sin conocerte, te piden una foto. Y es bastante lindo eso”.
Un jugador que también forma jugadores
Mientras desarrolla su carrera profesional, mantiene un vínculo estrecho con sus orígenes. Actualmente es entrenador de la categoría 2019 del Club 19 de Julio, el mismo lugar donde comenzó a jugar. “Lo que aprendo día a día se los enseño a ellos y te demuestran el cariño. Tenemos una categoría que va a dar que hablar en el club y para mí significa mucho”, resaltó y sumó: “Les digo que tienen que ser buenas personas, humildes, leales con el compañero, ayudarse, no quejarse adentro de la cancha. Les digo que si un compañero se equivoca, lo alentamos y seguimos todos para adelante”.
Esa misma mirada aparece cuando habla de su propia forma de jugar.
-¿Por qué se caracteriza Facundo Quiroga dentro de la cancha?
“Soy un jugador muy aguerrido, que no da ninguna pelota por perdida. Voy a correr hasta que las piernas no me den más. Tengo buena pegada y corro hasta no dar más. Me gusta morder cada pelota, estar ahí encima”.
Las dificultades del ascenso
El futbolista también conoce la otra cara del fútbol: la incertidumbre, las oportunidades que no llegan y la dificultad de mantenerse dentro de un plantel profesional.
“Es difícil. Hoy en día el fútbol argentino es muy complicado en todas las categorías. Los chicos que están acá en reserva y formativas tienen que ser constantes y, cuando les llegue la mínima oportunidad, aprovecharla. Hay que estar en el mínimo detalle para poder estar y quedarte en un plantel profesional, porque si no es muy difícil”, remarcó.
En cuanto a la Primera C, entiende que el aspecto físico y las condiciones de juego tienen un peso determinante: “Es muy físico. No siempre va a ganar el que mejores jugadores tiene o el que mejor juegue. Viene un equipo, se te mete atrás y no le entrás. O te ponen dos centrales que miden dos metros y se complica. Después, en cuanto al estado de las canchas, hay varias en la categoría en las que sinceramente no se puede jugar”.
Pero hay otra preocupación que, para él, trasciende lo futbolístico: las apuestas deportivas.
“Yo creo que cada vez se va ensuciando más en todo sentido, como las apuestas y otras cuestiones que manchan y para mal”, lamentó.
-¿Les tocó hablar del tema puertas adentro?
“A nosotros hace poco nos tocó de cerca una situación con un compañero. Y es feo porque te rompe el alma. Vos capaz que dejás todo, tenés una familia atrás, gente que querés hacer feliz, y tenés a alguien que es como una manzana podrida que arruina todo lo bueno que venías haciendo. De ese detalle se arma un despelote que es muy feo para todo el plantel”.
El sueño de crecer
Con contrato vigente en Berazategui y con la mirada puesta en lo que viene, no oculta sus objetivos.
-¿Dónde te ves en unos años?
“A mí me queda este año de contrato en Berazategui y, depende de cómo me vaya, me gustaría dar un paso más arriba si es que Dios quiere. Dentro de unos años me veo en el fútbol de alto nivel, dando lo mejor, pero eso depende de mí, de lo que Dios quiera hacer conmigo, de lo que yo haga cuando me toque jugar o no. Siempre siendo buena persona.
Me gustaría mucho jugar la Premier League, pero hoy lo que más anhelo es jugar en algún club de Primera División del fútbol argentino. En el que sea”.
Entre sus referentes mencionó a Leandro Paredes y Enzo Fernández, dos futbolistas que admira por su nivel internacional. Y dentro del propio plantel encuentra jugadores con experiencia que funcionan como guía.
“Al Lolo Miranda yo lo veía jugar en Racing, con esas ganas que le metía. Era muy diferente y lo sigue siendo. Él, así como también Nahuel Pombo y otros más, te ayudan mucho para bien”, añadió al respecto.
Al final de la charla, cuando la conversación vuelve inevitablemente a Berazategui, aparece la respuesta que resume buena parte de su historia.
-¿Qué es Berazategui para vos?
“Berazategui lo veo como mi casa, el club de mi ciudad y el amor de mi vida. Es un club que amo. Amo a la gente que está acá, a los que trabajan en el día a día. Soy amigo de la gran mayoría y los quiero a todos por igual, desde el utilero hasta la gente de mantenimiento. Los profes de las formativas me conocen todos por mi caso en inferiores acá y los quiero a todos. Es un club que amo y me gustaría verlo más arriba”.
El mismo lugar al que alguna vez llegó de la mano de su papá para mirar un partido es hoy el escenario donde da sus pasos como futbolista profesional. Ya no observa desde afuera: ahora es él quien sale a la cancha.
Y desde ese lugar, como jugador profesional pero también como hincha, deja un mensaje para quienes recién empiezan el camino que él alguna vez recorrió: “Que sean humildes, constantes, que nada les arruine la cabeza y que sigan siempre para adelante. Las puertas se abren para todos y el día que les toque, que pongan lo mejor de ellos”.
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