En los primeros días de enero, Estados Unidos lanzó una operación militar en Caracas que incluyó bombardeos durante la madrugada, y terminó con la captura del presidente venezolano Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, quienes fueron trasladados a Nueva York para enfrentar cargos federales, incluidos narcotráfico y terrorismo. Esto fue confirmado por las autoridades estadounidenses y denotó una acción de intervención directa en Venezuela. La operación dejó decenas de militares venezolanos y cubanos muertos, lo que generó un clima de tensión e incertidumbre.
Este hecho ocurre en el marco de años de crisis política, económica y social en el país sudamericano, marcada por denuncias de autoritarismo, violaciones a derechos humanos, hiperinflación y una gran emigración de ciudadanos que buscaban mejores condiciones de vida. La intervención estadounidense, se enmarca en una política más amplia contra los gobiernos que consideran ilegítimos o vinculados al narcotráfico.
En diálogo con La Palabra de Berazategui, el concejal Mario Molver, representante de La Libertad Avanza local, sostuvo: “Lo ocurrido en Venezuela es la consecuencia de años de autoritarismo, persecución política, censura y empobrecimiento del pueblo venezolano. Nicolás Maduro no es un presidente legítimo, sino el jefe de un régimen que destruyó la democracia y obligó a millones a exiliarse. Por eso celebramos que hoy se abra una oportunidad para que Venezuela recupere la libertad, la legalidad y la esperanza”.
Molver agregó que le preocupa “escuchar al gobernador Axel Kicillof cuestionar a quienes enfrentan una dictadura”, y remarcó que “no hay neutralidad posible frente al autoritarismo: condenar a quienes luchan por la libertad es, en los hechos, una forma de complicidad”.
Según él, la postura del gobierno argentino, encabezado por Javier Milei, “está del lado de la democracia y la libertad, sin dobles discursos ni excusas”, y desde su espacio reafirmaron su apoyo al pueblo venezolano. “Los argentinos no podemos ni debemos estar del lado de los dictadores, sino del lado correcto de la historia: el de la libertad”, cerró.
Por otro lado, el analista político Gustavo González (radical) ofreció otra mirada: “El presidente argentino fue uno de los primeros en el mundo en pronunciarse, siendo casi coherente con lo que había manifestado ya desde su campaña electoral”.
Para González, la acción de Estados Unidos no fue solo un apoyo a la democracia, sino “un apoyo en un nuevo contexto geopolítico” marcado por la injerencia directa de una potencia en la política interna de otro país, lo que divide a América Latina en quienes acompañan y quienes rechazan la decisión del país norteamericano.
El político cuestionó además la eficacia de organismos multilaterales como la OEA o la ONU ante este escenario, y advirtió que la intervención podría proyectarse sobre otros países de la región, marcando “un límite peligroso”. “Podemos decir que es una dictadura, que hay crímenes de lesa humanidad, pero esto es la injerencia de un país sobre otro”, soltó.
También mencionó declaraciones de Donald Trump sobre el petróleo venezolano, apuntando a intereses que exceden la defensa democrática: “Donald Trump dijo que se iba a tomar cargo del petróleo”.
Por último, señaló la debilidad interna venezolana tras la captura del presidente. “Las Fuerzas Armadas no tuvieron la capacidad de garantizar la integridad física del presidente”, manifestó, sosteniendo que el precedente es grave para la región. “Desde los años 80 hay muy pocos antecedentes de una invasión directa de una potencia sobre un país de América Latina”, selló.
Estos dos puntos de vista reflejan diferencias sobre qué significa la intervención estadounidense: para algunos, una posibilidad de cambio tras años de crisis; para otros, un acontecimiento preocupante con consecuencias geopolíticas y legales complejas.
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