Esta joven mujer que, además es doctora en ciencias básicas y aplicadas y licenciada en biotecnología, se propuso estudiar qué pasó con la gente durante la cuarentena que trajo muchos cambios de hábitos y afectó, entre otras cosas, el sueño. El trabajo que se hizo junto a otros especialistas permitió crear el Crono Argentina, donde participaron 25 mil personas.

Experta en cronobiología, disciplina que trabaja sobre los ritmos biológicos de los seres vivos, estudiaron el sueño de los habitantes de nuestro país. En un subgrupo de personas compararon cómo, cuánto y cuándo dormimos, incluyendo horarios, duración y  calidad del sueño. Con los datos analizaron qué pasaba antes y durante la cuarentena.

 Comenzaron 25 días después del decreto de marzo del 2020 y lo que encontraron es que las personas duermen más, más tarde y tienen menos jet lag social, que es la discrepancia entre los horarios de sueño entre los días libres y los días hábiles. Comprobaron también que la calidad del sueño no se vio seriamente afectada.

«Distintas características del sueño pueden afectarse por el aislamiento, pero cómo se afectan depende de muchos factores. El confinamiento, al menos al principio, puede funcionar como una falta de obligaciones temporales a las que nuestro reloj no estaba adaptado previamente: por ejemplo, los adolescentes y el horario escolar matutino, pero también los adultos que habitualmente se levantan muy temprano por su horario de trabajo. Esas personas pueden haberse visto beneficiadas al poder ajustar sus horarios de dormir a su propio cronotipo, que es su horario biológico interno (por ejemplo, acostarse y levantarse más tarde). Esto no tiene por qué ser negativo en principio, sino al contrario: tienen menos jet lag social e incluso quizás pueden dormir más horas. Pero el aislamiento tiene muchas aristas y en otros lugares del mundo, como en China, hay reportes actuales de un aumento de problemas de sueño asociados principalmente con el insomnio de ciertos trabajadores», confió la experta.

Luego profundizó: «con el correr del confinamiento, la calidad del dormir puede empeorar. En el trabajo que hicimos, el cronotipo se volvió más nocturno. Y esto último es un marcador de cambios en nuestro reloj biológico que indica que la alineación de nuestro horario interno con el ciclo de luz oscuridad se modificó. Esa alineación inadecuada puede empeorar y traer consecuencias negativas, rendimiento cognitivo y en la salud, como ocurre en las personas que trabajan en turnos nocturnos o rotativos. Si se pierden las claves que nos permiten mantenernos sincronizados al ciclo externo de luz-oscuridad, porque usamos pantallas a la noche, nuestro cronotipo se vuelve progresivamente más nocturno y, eventualmente, nos desincronizamos. Si comenzamos a dormir de día, nuestros ritmos biológicos, y nuestro sueño en particular, se van a ver afectados negativamente».

Leone habló además de lo que puede provocar  un confinamiento prolongado. «Depende de lo que hagamos al respecto. El sueño se afecta mucho por la falta de rutinas claras, ciclos de luz- oscuridad y por el estrés. Si esas claves que sincronizan nuestro reloj biológico desaparecen, nuestros ritmos se debilitan, provocando problemas en nuestra salud, incluyendo nuestro sistema inmune»

La especialista explicó que «previo al aislamiento, la gente dormía cada vez menos» y destacó que «en los resultados preliminares de Crono Argentina, antes del coronavirus aparece que los argentinos somos más nocturnos y dormimos menos que en otros países del mundo, como Alemania y Estados Unidos. La sociedad necesita que estemos activos más tiempo y muchas veces eso es a costa de nuestro propio sueño. El sueño está muy subestimado y eso es algo que deberíamos cambiar. Dormir bien es indispensable para estar saludables y rendir adecuadamente».

Y advirtió: «El sistema inmune tiene un ritmo circadiano y además depende de la cantidad de horas que dormimos. Dormir poco, mal o a deshora, se asocia con mayor incidencia de enfermedades. Nuestra velocidad de reacción disminuye y eso se asocia con todo tipo de accidentes».

En otro de los trabajos de la doctora Leone se estudió la relación entre las horas del día y el comportamiento ético. «En una tarea de toma de decisiones que se utiliza para evaluar comportamientos poco éticos como falsear o mentir, la gente engañaba menos a la mañana y más a la tarde».

María Juliana Leone es además maestra internacional femenina de ajedrez y fue campeona argentina femenina sub-18 y sub-20. Estudió la relación entre este juego y la toma de decisiones en la vida. Durante una partida, los participantes realizan decenas de jugadas y un mal movimiento puede provocar el derrumbe de todo. «Comencé a jugar a los diez u once años. Mi padre nos enseñó a mi hermano y a mí, pero me sentí un poco más atrapada que él. Gané varios torneos provinciales, en Entre Ríos, sitio donde nació, y en instancias nacionales. Es un juego de estrategia muy divertido. La posibilidad de pensar en un plan y llevarlo a cabo, con las dificultades que presenta el oponente es increíble. Pienso que se trata de una actividad muy estimulante en la que los participantes toman decisiones todo el tiempo y cada una de ellas es central, crucial, por ejemplo, que logren ser acertadas y al mismo tiempo se ejecuten con velocidad».

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