Carlos Acevedo es de Berazategui, más precisamente del barrio Santa María, pero su presente está en Palma de Mallorca, donde se consolidó como adiestrador canino y fundador de “Perros de la Isla”. Con varios años de experiencia en conducta animal, su historia mezcla vocación y un cambio de vida radical: emigrar a Europa en 2019 junto a su pareja, oriunda de Quilmes, en busca de nuevas oportunidades.

“Acá me encontré con un panorama muy favorable laboralmente ya que apenas llegué había mascotas por todos lados, en bares, en restaurantes, comprando ropa en los shoppings. Así que dije bueno, este es mi lugar”, contó en diálogo con La Palabra de Berazategui. Ese contexto fue determinante para impulsar su proyecto en plena previa de la pandemia.

Los primeros pasos no fueron en soledad. “Acá cuando llegué conocí a unos amigos míos, Álvaro y Adelaida, que tenían una tienda de mascotas con guardería. Me acerqué de caradura a conversar con ellos. Les gustó mi forma de ser y me dijeron ‘tenemos un caso que es imposible’”, recordó. Tras trabajar con ese perro, comenzó a colaborar con ellos: “Vieron cómo trabajaba, les gustó, así que empecé en la guardería. Después la gente venía a la tienda a hacer consultas conmigo y ahí fue cuando me empecé a abrir por mi cuenta”. Y remarcó: “Siempre estoy agradecido con ellos porque fueron como la vidriera para que yo pueda mostrar lo que hago”. 

Antes de dedicarse de lleno a los animales, Acevedo probó otros caminos. Trabajó en animación y dibujo, pero no lo terminaban de llenar. “Yo siempre digo que algo con los animales tenía que ser mi futuro laboral”, soltó. Y agregó, entre risas: “Hasta tengo la cara marcada de un lado un arañazo de un gato y del otro una mordida de un perro”.

Su vínculo con el mundo animal viene de raíz. “Un poco viene por herencia familiar, sobre todo la familia de mi madre, todos muy animaleros”, explicó. Ese interés se transformó en profesión cuando empezó a formarse y a resolver problemas concretos: “Empecé a trabajar justamente por resolver uno de los problemas con mis perros. Y en una semana ya estaban juntos, hicieron súper amigos… ahí fue cuando empecé a trabajar más”.

Sobre su enfoque, resaltó que no se trata solo de entrenar perros, sino de educar a las personas. “La comunicación es el mayor problema. El perro nos quiere decir una cosa y nosotros entendemos otra”, señaló. En ese sentido, cuestiona los métodos tradicionales: “Cero castigos, cero gritos. El perro es muy sensible, está todo el día tratando de entendernos. Nosotros tenemos que hacer el mismo esfuerzo”.

Acevedo se define dentro de una “tercera generación” de adiestradores, donde el foco está puesto en el bienestar del animal. “No es solo corregir conductas, sino entender qué emoción las genera. Entonces lo trabajás de una manera totalmente distinta, mucho más amigable”, detalló. Y remarcó: “No se trata de obediencia, se trata de comunicación”.

En Europa, el contexto también ayuda. Según contó, hay menos perros callejeros, más espacios pensados para ellos y políticas que incentivan su cuidado. “No hay mucho perro en la calle. Están bastante socializados”, indicó. Incluso existen ayudas estatales y campañas de adopción con un fuerte acompañamiento.

En ese marco, desarrolló una aplicación llamada “Paseos Seguros”, que permite alertar sobre peligros en la vía pública, como la procesionaria (un gusano altamente tóxico) o zonas con comida envenenada. “La idea es que la gente marque los sitios y se generen alertas. Es para cuidar a los perros”, declaró.

Además de su trabajo con perros, también brindó recomendaciones para quienes conviven con gatos: “El gato tiene sus secretos también. Hay que brindarle juego… para que después no nos ande cazando los pies o quiera arañar todo el tiempo”. Y sumó que es clave para su bienestar “que tenga lugares en altura”. Además, manifestó que “el gato que se siente bien lo demuestra caminando con la cola en alto. Cuando lo ves aplastado o escondido, algo no está del todo bien”. 

A pesar de su presente en Europa, el vínculo con Berazategui sigue intacto. “Primero extraño obviamente la familia, amistades y el barrio, la gente… el cariño de la gente de allá es muy distinto y realmente se extraña”, confesó. Y en cuanto a la distancia cultural selló: “Eso de juntarse en una casa a tomar unos mates, acá no existe casi”.

Con una carrera en crecimiento y cada vez más reconocimiento, no pierde el eje: “Lo primero es tener paciencia y tratar de entender al perro. Y cuando no se puede, consultar a un profesional”.

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