Dejar atrás la rutina, la familia y los amigos no es una decisión sencilla. Sin embargo, para muchos, la idea de emigrar se convierte en una oportunidad para crecer, conocer otras culturas y animarse a empezar de cero. Ese fue el caso de Martín Acevedo, oriundo de Berazategui, quien decidió mudarse a Irlanda en 2024 en busca de nuevas experiencias.

En diálogo con La Palabra, repasó su camino desde Argentina hasta Dublín, donde actualmente reside. Habló del choque cultural, las oportunidades laborales, las dificultades de adaptarse a un nuevo entorno y también de todo aquello que extraña de su país natal. Su historia refleja los desafíos de apostar por una vida distinta lejos de casa.

¿Hace cuánto te mudaste a Irlanda? ¿En qué momento nació la idea de irte de Argentina?

-”El viaje empezó muchísimo antes del vuelo, por el 2020, incluso antes de la pandemia. Quería viajar y conocer. La idea de no vivir una aventura me aterraba un poco, y una vez que empieza la vida adulta pasa todo más rápido. Me mudé a Irlanda en diciembre de 2024”.

¿Por qué elegiste Irlanda y no otros destinos más comunes que suele elegir la gente como España, Italia, entre otros?

-”Elegí Irlanda porque era uno de los destinos a los cuales podía ir y quedarme legalmente por unos meses con visa de estudiante y realizando un curso de inglés, donde era posible acostumbrarme a estar lejos de casa y mi gente. Me pareció más interesante que España. De todas formas, no tengo doble nacionalidad, por lo que las opciones eran pocas, e Irlanda era la más accesible”.

¿Qué fue lo que más te sorprendió cuando llegaste allí?

-”El choque cultural no fue tan fuerte como pensaba, aunque hay cosas a las que todavía no me acostumbro. Lo que más llamó mi atención fue la comunidad brasilera que reside en Irlanda, están muy bien ubicados especialmente en Dublín, la capital y donde estoy viviendo. Este hecho me permitió aprender un tercer idioma de oído, y al día de hoy ya entiendo a la perfección de tanta práctica, ya que mis compañeros de clase, de trabajo e incluso de alojamiento eran en su mayoría de Brasil.
Otra cosa que me sorprendió fue la variedad de culturas coexistiendo en el mismo lugar. Incluso sabiendo que Dublín es una ciudad pequeña en comparación a otras de Europa, me encantó ver que, más allá de las diferencias, somos todos muy parecidos”.

En términos culturales, ¿qué grandes diferencias notás entre Irlanda y Argentina?

-”La cultura irlandesa es muy amplia y tiene origen en los celtas, por lo que cuentan con muchas festividades antiguas como Halloween, u otras como la famosa fiesta de San Patricio (17 de marzo), que está relacionada con el padre del catolicismo en Irlanda, aunque hoy en día solo se toma alcohol y se festeja con los colores del país.
La comida no es tan buena y no tienen muchas comidas típicas, la gastronomía es mayormente importada, una mezcla.
La gente es increíble, tuve el gusto de conocer gente muy amable y divertida, muy acostumbradas al alcohol en su mayoría. De todas formas, es difícil entrar en sus círculos. Es más fácil armar grupos con gente latina o hispanohablante”.

¿A qué te dedicás actualmente en Irlanda? ¿Cómo ves el mercado laboral para los migrantes? ¿Hay oportunidades?

-”Actualmente trabajo en una casa de comida rápida saludable llamada Sprout, muy de moda. Arranqué dos meses después de mi llegada como bachero, gracias a un amigo chef que conocí allá y me enseñó sobre el rubro. Con esfuerzo, tuve la oportunidad de trabajar como chef y hoy soy supervisor de la cocina.
Tengo la suerte de recibir más horas de trabajo de las permitidas. Con las 20 horas legales apenas alcanzaría para gastos básicos (alojamiento, comida y gastos fijos), lo cual no estaría mal pero como inmigrante es un poco limitante. Irlanda es caro, pero los sueldos lo compensan. Además, si tenés la suerte de recibir un sponsor por tu empleador, existe la posibilidad de quedarse un par de años, sin la necesidad de estudiar y trabajando tiempo completo”.

¿Qué es lo que más te gusta de vivir en Irlanda? ¿Y lo que menos? ¿Hay algo en lo que todavía te cueste adaptarte?

-”Lo que más me gusta es haber podido empezar de cero y armar otra zona de confort, aunque cueste. La ciudad no es tan grande por lo que me resulta cómoda y me encanta conocer gente de distintos países. Conozco mas países por la gente con la que comparto que por los que visité, cosa que tambien es facil desde ahí, ya que en 2 horas de vuelo estoy en Italia, Francia o España por lo mismo que me costaría un vuelo de Buenos Aires a Bariloche.
Lo que menos me gusta es estar lejos de mi familia y amigos. Igual, volver y verlos me hizo dar cuenta de que el vínculo no cambia.
Lo que más me cuesta es el clima: para mí es invierno por tres estaciones seguidas, y la restante primavera. Llueve muy seguido, casi siempre está nublado, hay poco sol y los días son cortos. Se hace difícil soportar y mantener el buen humor. Otro tema es la comida, la cual si no la preparo por mi cuenta, no consigo muchas opciones similares a las de Argentina. Y en cuanto al sistema de salud, es complicado: es nefasto, caro y para inmigrantes peor”.

¿Qué cosas de Berazategui o de Argentina extrañás más?

-”El sentimiento de local, la música, la comida, el ritmo de vida y las juntadas con amigos. También compartir intereses y las preocupaciones del resto”.

Si alguien de Berazategui está pensando en emigrar, ¿qué consejo le darías? Y si tuvieras que explicarle a un irlandés qué es Berazategui, ¿qué le dirías?

-”Les diría que se organicen lo mejor posible, que se armen de valor y que sepan que no es fácil, pero que con perseverancia y buena actitud, todo esfuerzo tiene recompensa. Las amistades que hacés en el recorrido son lo más valioso y abren puertas que uno no se imagina.
A los irlandeses les cuento que de donde vengo las juntadas son constantes, que la comida y la música son parte central de nuestra cultura, y que ser argentino es un sentimiento. Se siente lindo volver y poder hablar el mismo idioma, y no me refiero al castellano, me refiero a hablar y ser realmente comprendido, cosa que allá con poca gente ocurre”.

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