Vecinos de Quilmes y Berazategui advierten sobre la proliferación de microbasurales y la acumulación persistente de residuos en diversos sectores. La problemática impacta en la salud pública, el ambiente y la calidad de vida, mientras se multiplican los reclamos por mayor control y prevención.
La acumulación de residuos en distintos puntos del sur del Gran Buenos Aires volvió a encender la alarma entre vecinos de Quilmes y Berazategui. En particular, los ejes que comprenden la Avenida Calchaquí, sectores linderos a la Autopista Buenos Aires–La Plata y las inmediaciones del Camino General Belgrano y el Camino Centenario muestran, según denuncias vecinales, un crecimiento sostenido de microbasurales a cielo abierto.
Bolsas de residuos domiciliarios, restos de poda, escombros y desechos voluminosos se acumulan en esquinas, terrenos baldíos y márgenes de arterias de alto tránsito. En algunos tramos, la basura permanece durante días, generando olores nauseabundos y favoreciendo la proliferación de roedores e insectos.
La situación se repite con especial frecuencia en sectores de Quilmes Oeste y en zonas limítrofes con Berazategui —también en distintos barrios del municipio— donde vecinos aseguran que los puntos de arrojo clandestino se vuelven crónicos: “Limpian y a la semana vuelve a estar igual”, es una de las frases que más se repite en los reclamos barriales.
Especialistas en saneamiento urbano advierten que la formación de microbasurales responde a múltiples factores: fallas en la frecuencia de recolección, falta de controles sobre el descarte ilegal y escasa conciencia ambiental. Cuando un punto comienza a acumular residuos, suele convertirse en un foco permanente, ya que otros vecinos o incluso transportistas informales depositan allí más desechos.
Además del impacto visual y ambiental, la problemática tiene consecuencias sanitarias: la acumulación de basura puede obstruir desagües pluviales y agravar anegamientos en días de lluvia, una situación recurrente en varios barrios del sur del conurbano. A esto se suma el riesgo de contaminación del suelo y del agua en zonas cercanas a zanjas o cursos hídricos.
Desde los municipios involucrados se realizan operativos periódicos de limpieza y erradicación de basurales. Sin embargo, el problema reaparece con rapidez. Fuentes municipales sostienen que parte del conflicto surge en el depósito indebido de residuos fuera de los horarios establecidos y en la descarga clandestina de escombros por parte de particulares.
En paralelo, vecinos autoconvocados comenzaron a visibilizar la situación mediante redes sociales y presentaciones formales ante las autoridades locales. En algunos casos, también impulsan jornadas comunitarias de limpieza, aunque reconocen que se trata de soluciones transitorias frente a un problema estructural.
Hacé tu comentario