Con el inicio del ciclo lectivo cada vez más cerca, muchas familias comienzan a gestionar el apto físico escolar, un control obligatorio que permite evaluar la salud de niños y adolescentes antes de las actividades escolares y deportivas. Sin embargo, profesionales advierten que hay casos en los que el certificado se resuelve únicamente con la firma de una ficha médica, sin estudios ni revisiones profundas, lo que puede dejar pasar señales importantes.
El apto físico escolar consiste en una evaluación médica integral destinada a detectar alteraciones cardiovasculares, respiratorias, posturales o metabólicas que, en muchos casos, no presentan síntomas visibles. Cuando el control no se realiza de manera adecuada, estas condiciones pueden pasar desapercibidas y representar un riesgo durante la actividad física.
En el nivel inicial y los primeros años de primaria, el examen debe incluir un control clínico completo: medición de peso y talla, toma de presión arterial, auscultación cardíaca y respiratoria, y revisión de antecedentes personales y familiares. Estos datos permiten acompañar el crecimiento y determinar si el niño está en condiciones de realizar actividad física acorde a su edad.
A partir de los 7 u 8 años, cuando la exigencia física escolar comienza a incrementarse, muchos especialistas recomiendan sumar estudios complementarios como el electrocardiograma. Se trata de un examen sencillo que permite evaluar el funcionamiento del corazón y detectar alteraciones que no aparecen en la vida cotidiana, pero sí pueden manifestarse durante el esfuerzo.
Durante la preadolescencia y adolescencia, el control cobra aún mayor relevancia. El crecimiento acelerado, los cambios hormonales y la mayor intensidad de las clases de educación física hacen necesario un seguimiento más concreto. En esta etapa, además del examen clínico y cardiovascular, se evalúan la postura, la capacidad respiratoria y la adaptación del organismo al ejercicio.
Otro punto fundamental es la verificación del calendario nacional de vacunación obligatorio y gratuito en Argentina, supervisado por el Ministerio de Salud de la Nación Argentina. En edad escolar se controlan especialmente los refuerzos de vacunas como triple viral, varicela, hepatitis B y triple bacteriana, mientras que en la adolescencia se suman inmunizaciones como meningococo y VPH. Mantener el esquema completo no sólo protege al niño, sino que también reduce el riesgo de brotes en el ámbito escolar.
Los profesionales coinciden en que el apto físico escolar debe entenderse como algo más que un requisito administrativo, ya que es una oportunidad para detectar posibles problemas de salud, controlar el crecimiento y actualizar vacunas pendientes. Dado que el certificado tiene una vigencia anual, recomiendan realizar el chequeo con anticipación y con un pediatra o médico clínico que pueda garantizar un seguimiento integral.
Cada año el cuerpo cambia, especialmente durante la infancia y la adolescencia. Un control actualizado y completo sigue siendo la mejor herramienta para prevenir riesgos y cuidar la salud de los más jóvenes.
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