Más de dos millones de personas participaron de la 52° Peregrinación a Luján, movilizadas por distintos motivos: la fe, una promesa, una intención personal, el deseo de superarse o simplemente el acompañamiento a un ser querido. Historias diferentes que, durante el recorrido, tienen un mismo destino: llegar a la Basílica de Luján.
Entre esos millones de peregrinos estuvo una vecina de Berazategui, que por primera vez se animó a realizar el recorrido a pie junto a una amiga, quien ya había participado anteriormente de la peregrinación. Para ella, la propuesta representaba también un desafío personal. Días antes comenzó a prepararse saliendo a caminar a la pista de atletismo de la ciudad y, como además disfruta de las caminatas, imaginó el recorrido como una experiencia agradable.
Pero la realidad del camino fue diferente a lo que había imaginado. La lluvia terminó convirtiéndose en una de las principales protagonistas de la jornada.
El grupo al que pertenecía salió desde la Parroquia Nuestra Señora de Luján, ubicada en calle 24 y 148, y desde allí se trasladó hasta Liniers, el denominado kilómetro cero. Antes de comenzar, organizaron las pertenencias y prepararon bolsas para protegerse de la lluvia, además de capas y otros elementos para afrontar el trayecto.
“Preparamos, dejamos a mano las bolsas, las cintas para sujetar las bolsas y las capas. A las 17.50 se largó a llover, pero un diluvio, que no paró hasta las 12 del mediodía. A las 2 de la tarde había sol. Era un clima bipolar”, relató la vecina a La Palabra.
Desde Liniers comenzó la caminata. El recorrido estuvo acompañado por miles de personas, puestos de asistencia, agua, atención médica, cantos y música. También hubo momentos en los que la cantidad de peregrinos obligaba a disminuir el ritmo porque el espacio para avanzar era reducido.
La lluvia, sin embargo, empezó a hacer cada vez más difícil el camino. “Yo en un parte la padecí, ya que se me rompieron las bolsas de los pies, mi zapatilla izquierda también. Después se rompió la capa y filtraba agua por la nuca, la cabeza, los ojos”, contó.
La ropa completamente empapada, el frío y el agua acumulada dentro de las zapatillas comenzaron a afectar su estado físico. “Yo ya sentía no cansancio en las piernas, sino la sensación de las arrugas de los pies que me estaban pelando por la fricción de las medias, zapatillas y el agua”, explicó.
“Me descompuse y estuve como con febrícula. Le puse voluntad, pero el frío y la ropa empapada no me permitieron seguir”, señaló.
Según registró mediante una aplicación de su celular, desde Liniers hasta General Rodríguez recorrió 35,73 kilómetros y dio 63.935 pasos.
“No me cansé desde las piernas, sino que el diluvio me complicó”, resumió.
Finalmente, en la parada de General Rodríguez decidió hacerse a un lado, subir al micro de su grupo y continuar el viaje hasta Luján por otra vía. Su amiga, continuó caminando.
Durante el trayecto también pudo observar las dificultades que atravesaron otros peregrinos. Contó que vio personas desmayarse, otras vomitando y hasta una mujer con los pies sangrando. También recordó a un peregrino que tuvo que ser trasladado en silla de ruedas luego de descomponerse en el último tramo de General Rodríguez.
La asistencia fue constante durante el recorrido. La vecina destacó la presencia de numerosos puestos que ofrecían agua, atención y palabras de aliento. “Había mucha gente asistiendo a los peregrinos, dándoles agua, aliento, hubo cantos, música y mucha onda”, describió.
También observó que muchas personas llegaron con los pies muy afectados por la humedad y la extensa caminata. “Había mucha gente a la cual le sacaban las medias prácticamente pegadas a la planta de los pies. Mucha gente salió preparada y otras no, o no tanto”, relató.
El clima también modificó la experiencia de quienes ya conocían el recorrido. La vecina contó que durante el regreso en micro, entre las 16 y las 20 horas, conversó con personas que le contaban que habían logrado completar la peregrinación en otras oportunidades, pero que esta vez habían decidido no finalizarla a pie debido a la lluvia.
Para ella, el cansancio físico no fue lo que determinó el final de su recorrido. “El dolor de la planta de los pies, en mi caso del izquierdo, era mucho”, explicó.
Aun así, entre la incomodidad, el frío y el agua, hubo algo que permaneció intacto: el sentido de la peregrinación. “Lo que sí hay es una cuestión de fe innegable”, remarcó.
El grupo estuvo acompañado durante la experiencia por el padre Quique Nisoria, a quien la vecina recordó especialmente por sus palabras durante la reunión previa del viernes por la noche. “Me quedo con lo que dijo el padre Quique en la reunión previa del viernes a la noche y es que la Virgen conoce la intención de cada uno y ya haber estado en el kilómetro cero, eso es lo que cuenta. Después cada uno llega hasta donde llega, su cuerpo responde como responde y eso quedó claro. Nos remarcó que no hagamos desastres porque no tiene que ser necesario, la peregrinación tiene que ser algo lindo. Cada uno va por el motivo que sea”, recordó.
Su primera peregrinación terminó entonces de una manera distinta a la que había imaginado. No pudo completar todo el trayecto caminando, pero llegó a la Basílica de Luján junto a su grupo. La lluvia y el estado de sus pies marcaron su límite, aunque al hacer un balance aseguró que se queda con una experiencia positiva y destacando una vez más que la fe fue una parte más que importante de la jornada.
Hacé tu comentario