Cada 1° de julio se celebra en Argentina el Día del Arquitecto, una fecha instituida en 1996 por la Federación Argentina de Entidades de Arquitectos (FADEA) con el objetivo de reconocer la labor y el aporte que estos profesionales realizan a través de su trabajo. Los arquitectos son los encargados de diseñar y proyectar espacios destinados a la vida cotidiana, el desarrollo urbano, la producción y la preservación patrimonial, siempre en función de las necesidades de la sociedad.

La fecha recuerda la creación de la Unión Internacional de Arquitectos (UIA), fundada el 1° de julio de 1949 y reconocida por la UNESCO como una de las principales organizaciones dedicadas a la preservación del arte y la cultura. A nivel mundial, el Día de la Arquitectura se celebra actualmente el primer lunes de octubre, aunque en Argentina se mantuvo la conmemoración del 1° de julio por coincidir con la creación de la FADEA, fundada en 1985.

En este marco, La Palabra dialogó con el arquitecto Norberto Enzo Zerbino, profesional egresado de la Universidad de Buenos Aires (UBA), quien desde 1979 reside en Berazategui. A sus 74 años, Zerbino cuenta con una extensa trayectoria que abarca desde la arquitectura industrial y hospitalaria hasta la preservación patrimonial. Además, fue uno de los impulsores de la ordenanza de protección urbanística de Ranelagh junto a la Asociación Civil «Cuidemos Ranelagh».

-¿Siempre quiso ser arquitecto?

«De chico me inclinaba más hacia los barcos y la marina. Intenté ir por ese lado, pero no me gustaba la carrera militar. En una oportunidad leí una nota de Le Corbusier, considerado el padre de la arquitectura moderna, quien decía que para ser un buen arquitecto había que diseñar un barco, por la precisión de los espacios. Él planteaba que en arquitectura hay que manejar correctamente los espacios, no hacer de más lo que no es necesario y planificar lo que realmente hace falta. Esa idea me quedó muy presente y me entusiasmó con la arquitectura. Ya desde el secundario empecé a averiguar cómo era la carrera y finalmente me anoté en la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la UBA».

-¿Recuerda cuál fue su primer trabajo?

«Trabajaba para una empresa constructora como jefe de obra en la ampliación de una fábrica en Munro llamada TENSA, dedicada a la fabricación de autopartes y servofrenos. Ahí empecé a descubrir lo que era la arquitectura industrial, algo que me llamó mucho la atención. Después realicé varias fábricas, incluso en Corrientes, donde fui director de obras de una cervecería construida por el grupo Bemberg, entre otras».

-¿Qué aspectos de la arquitectura comenzaron a interesarle más con el paso del tiempo? 

«Con el paso de los años me empecé a interesar mucho más por la sustentabilidad y la ecología. Creo que la humanidad progresa y no hay que ser fundamentalistas, pero sí considero que la planificación es lo que le da esa posibilidad al progreso.
Recuerdo que el día que se recibió mi hija de abogada, durante la entrega de diplomas el rector habló de una nueva era del derecho y destacó la importancia de investigar mucho. Nosotros, los arquitectos, solemos decir algo similar: en nuestra profesión hay que planificar mucho».

-¿Hay algún sueño o proyecto profesional que le haya quedado pendiente?

«Siempre me llamaron mucho la atención los grandes monumentos arquitectónicos y los edificios emblemáticos, pero nunca pude participar en uno de esos proyectos. Tuve la oportunidad de conocer el Burj Khalifa, en Emiratos Árabes Unidos, y uno piensa que desde ahí arriba puede ver el mundo entero. Sin embargo, tuvieron que colocar los miradores a más de 400 metros porque las nubes tapaban la parte superior del edificio y no se veía nada. Eso también demuestra que, a veces, no tiene demasiado sentido hacer algo tan alto. De todas formas, es una locura ese lugar».

-¿Qué arquitectos extranjeros admira?

«Me gustaba mucho el arquitecto suizo Mario Botta. Hoy en día también me llaman mucho la atención los arquitectos japoneses, porque tienen un desarrollo muy avanzado».

-¿Cómo surgió la ordenanza municipal de protección urbanística de Ranelagh?

«Antes de esta ordenanza hubo algunos intentos, como cuando en la década del ’70 se declaró a Ranelagh como Ciudad Jardín y otros proyectos posteriores, pero ninguno establecía indicadores claros, como alturas máximas o parámetros urbanísticos concretos.

La idea surgió por una iniciativa colectiva de los vecinos de Ranelagh, porque observábamos situaciones con las que no estábamos de acuerdo, como el crecimiento en altura del Sanatorio del Vidrio y el desarrollo del barrio Altos del Golf, donde se perdió gran parte de la arboleda original.

Comenzamos a reunirnos hace aproximadamente diez años y vimos la necesidad de crear una nueva organización vecinal. Así nació ‘Cuidemos Ranelagh’, que rápidamente creció y logró hacerse escuchar gracias también a la difusión de los medios de comunicación.

Trabajamos durante cerca de cuatro años junto al Municipio, atravesando incluso momentos de mucha oposición interna. Siempre traté de mantener la cuestión política al margen. Recuerdo que en un momento Claudia, quien era secretaria, coordinó una reunión con el Dr, Mussi, y a partir de las explicaciones que le dimos, él nos manifiesta: ‘Esto lo tenemos que destrabar’, y a partir de allí el proceso avanzó rápidamente.

Se redujo el grupo de trabajo y confié mucho en dos excelentes profesionales municipales: el arquitecto Miguel Garaycoechea y la abogada Cecilia Cepeda. Posteriormente, la Universidad Nacional de La Plata también brindó apoyo técnico para la elaboración de la ordenanza.

Cuando comenzamos a investigar, descubrimos que la normativa urbanística vigente en Berazategui databa de 1979, de la época de la última dictadura, y nunca había sido actualizada de acuerdo con las necesidades actuales.

Hoy contamos con una ordenanza con capacidad de planificación. Se ordenaron las alturas máximas y otros indicadores, pero además incorporamos un aspecto muy importante: el trabajo colegiado con la Municipalidad y la participación vecinal para aquellos proyectos complejos o de gran escala. Eso representó un avance muy importante. Actualmente, más allá de algunos cuestionamientos, considero que funciona bien».

-¿Por qué eligió vivir en Ranelagh?

«Llegamos de novios con mi esposa a una casa quinta que tenían mis suegros y decidimos instalarnos aquí. El lugar nos gustó, nos impactó. Mis hijos crecieron en Ranelagh».

-¿Lo convocaron para desarrollar proyectos similares?

«Recibí algunas consultas desde otras localidades interesadas en impulsar iniciativas parecidas, aunque finalmente no avanzaron».

-¿Cuál fue el trabajo más extraño que le tocó realizar?

«No tuve trabajos particularmente extraños. En la arquitectura industrial, lo que primero hago es preguntarme para qué hay que construir algo. Hay que comprender el proceso y, a partir de eso, interpretar correctamente cuál es la función que debe cumplir la obra».

-¿Qué otros tipos de proyectos realizó además de viviendas?

«Trabajé en arquitectura hospitalaria, que es sumamente interesante, y también en laboratorios. Además, tuve proyectos para escuelas, aunque finalmente no llegaron a concretarse».

-¿En qué lugares del país desarrolló obras?

«Trabajé en muchos lugares de la Argentina. Entre ellos, Tucumán, Mendoza, Corrientes, Bahía Blanca y Tres Arroyos».

-¿Cómo surgió el estudio Zerbino-Báez?

«Surgió gracias a la experiencia en la asociación Cuidemos Ranelagh que me permitió conocer a muchos vecinos, entre ellos a Oscar Báez, con quien compartimos una visión muy similar».

-¿Qué diferencia a su trabajo respecto del de otros arquitectos?

«Nos interesa mucho la preservación del patrimonio histórico y trabajar específicamente sobre ese aspecto. Personalmente es un tema que siempre me atrajo. Incluso me han convocado para realizar trabajos de restauración de construcciones históricas y fachadas, especialmente en San Telmo».

-¿Qué opinión tiene sobre la arquitectura actual?

«No estoy de acuerdo con algunas cuestiones que se están haciendo actualmente. Por ejemplo, el uso indiscriminado del AutoCAD, que es dibujar con la computadora, limitando el momento de dejar volar las ideas y la creatividad, transformando todo en algo muy básico y repetitivo al ser una herramienta cómoda y funcional. Se perdió mucho del dibujo a mano alzada con el avance tecnológico».

-¿Qué destacaría de los arquitectos?

«El buen manejo del espacio. No hay que hacer cosas que sobren ni cosas que falten; hay que encontrar un equilibrio”.

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