Este martes 24 de marzo se cumplen 50 años del golpe de Estado cívico-militar que derrocó al gobierno constitucional de María Estela Martínez de Perón, conocida como Isabel Perón, e inició un período de dictadura en la Argentina que se extendió hasta 1983.
En la madrugada del 24 de marzo de 1976, las Fuerzas Armadas (integradas por el Ejército, la Marina y la Fuerza Aérea) tomaron el control del país y desplazaron a la entonces presidenta. Isabel fue detenida y trasladada a la provincia de Neuquén, mientras que una Junta Militar asumió el poder. Ese órgano estuvo encabezado inicialmente por Jorge Rafael Videla, Emilio Massera y Orlando Agosti.
El golpe se produjo en un contexto de fuerte crisis política, económica y social. Durante los meses previos, el país atravesaba una marcada inestabilidad institucional, conflictos internos dentro del peronismo, una creciente violencia política y dificultades económicas. En ese escenario, distintos sectores reclamaban cambios en la conducción del gobierno, en medio de versiones cada vez más firmes sobre una posible intervención militar.
Una vez en el poder, la dictadura implementó un régimen que suspendió la Constitución Nacional, disolvió el Congreso, prohibió la actividad política y sindical, e impuso una fuerte censura sobre los medios de comunicación. Además, se desplegó un sistema de represión ilegal que incluyó detenciones clandestinas, torturas y la desaparición forzada de personas. Organismos de derechos humanos y diversas investigaciones judiciales coinciden en que hubo y aún hay miles de personas desaparecidas en ese período.
En ese contexto, los medios de comunicación atravesaron una etapa marcada por controles, presiones y limitaciones. Miguel Gaita, director del periódico La Palabra de Berazategui, recordó cómo se vivió ese momento desde el ámbito local y periodístico.
“La línea editorial se mantuvo dándole lugar a todos los colores políticos”, señaló sobre el posicionamiento del medio durante esos años.
“La revolución la buscaron muchas figuras que después renegaron de ese pedido, porque el momento que se vivía con Isabelita fue muy difícil, lo que no justifica la represión ni la desestabilización institucional”, expresó en relación al clima previo al golpe.
Además, remarcó que el desenlace no fue sorpresivo. “La revolución no se produjo el 24, sino que se venía anunciando todos los días, se anunciaba la caída de Isabel. La realidad es que muchos sectores reclamaban la renovación del mandato constitucional, lo que repito, no avala los asesinatos”, remarcó.
Sobre cómo se trataban las desapariciones en los medios, afirmó que “se reflejaban, y nosotros como medio no dejamos de publicarlo y en general los medios independientes tampoco. Después estaban los que tomaban las banderías oportunas, algo que sucede ahora también”.
Al referirse a cómo atravesaron esos años desde el periódico, explicó: “Fuimos haciendo equilibrio. Nosotros no hemos tenido problemas mayores, exceptuando algunas cuestiones como la desclasificación para recibir publicidad. Pero de que nos hayan clausurado o citado, eso en general… las autoridades municipales eran bastante moderadas y con bastante cultura, no eran democráticas”.
A medio siglo de aquel golpe, el período sigue siendo objeto de estudio, debate y memoria en la sociedad argentina. En ese sentido, Gaita dejó un mensaje para las nuevas generaciones: “Les diría que lean y estudien la historia porque veo chicos que no tienen la más mínima idea de lo que aconteció. Es necesario profundizar e inculcar los principios democráticos, ya que con todas las discordancias y falta de pericias del gobierno actual, fue elegido por el voto popular”.
El 24 de marzo es recordado cada año como una fecha particular y dolorosa en la historia argentina, que invita a reflexionar sobre el valor de la democracia y la importancia de conocer el pasado.
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