Una profesión clave para la recuperación y la calidad de vida, cada vez más valorada en el ámbito de la salud y el deporte.
Cada 13 de abril se celebra en el país el Día del Kinesiólogo. La fecha fue establecida en 1950, cuando el entonces presidente Juan Domingo Perón firmó el decreto 8648 que oficializó la jornada. La elección del día no es casual, ya que recuerda el aniversario de la creación de la primera escuela universitaria de kinesiología, inaugurada en 1937.
En este contexto, La Palabra dialogó con Mariano Herrera, kinesiólogo que integra desde 2021 el cuerpo médico del plantel profesional del Club Atlético Mitre, equipo de la Primera Nacional, y que desde 2024 trabaja en su consultorio del Centro de Rehabilitación y Readaptación Física “Recover”, en Santiago del Estero.
¿Cómo surge tu interés por la profesión?¿Qué es lo que más te apasiona de la misma?
–“Creo que mi interés por esta profesión nace de mi propia pasión por el deporte. Cuando era chico, sufrí una lesión grave que me hizo creer que nunca más podría volver a realizar actividad física. Fue en ese momento donde empezó todo: gracias al trabajo de los kinesiólogos que me trataron, no solo descubrí este camino, sino que logré recuperar la confianza y volver a la actividad sin problema.
Creo que lo más apasionante de esta carrera es ayudar a las personas a retomar las actividades que aman, mejorar la calidad de vida para que recuperen su autonomía y principalmente acompañar el proceso. Es muy satisfactorio ser testigo de los avances y progresos diarios hasta que se cumplen los objetivos. Al final, el motor que mueve esta profesión y nos impulsa a entregarnos al máximo es la devolución de cariño y gratitud de nuestros pacientes”.
¿Cómo describirías la importancia de la kinesiología en la salud de las personas?
-“Creo que hablar de kinesiología como simplemente una etapa que hay que pasar en una recuperación no sería lo más correcto. Debemos saber que es mucho más que eso, y creo que todos deberíamos acudir alguna vez a un kinesiólogo. Es muy importante porque nos ayuda a mejorar nuestra calidad de vida, que al fin y al cabo es lo que toda persona desea, no solamente tratar lesiones o dolencias, sino utilizarla como una herramienta para potenciar o mejorar las condiciones que uno tiene, siempre tratando de buscar más movimiento en la vida de las personas”.
¿Qué señales del cuerpo no deberíamos ignorar nunca?
-“Hay alarmas que no debemos tomarlas como normales, como el dolor persistente, la inflamación, la pérdida de movilidad, la debilidad muscular o cualquier molestia mantenida en el tiempo. No las debemos pasar por alto. El cuerpo es sabio y nos avisa frente a estas cuestiones; en ese momento debemos actuar para que los resultados sean los mejores posibles”.
¿Qué tipo de pacientes recibís principalmente? (edades, principales lesiones)
-“Desde adolescentes hasta adultos. La mayoría de ellos son deportistas recreacionales o amateurs. Además, tengo la suerte de atender a deportistas profesionales, principalmente futbolistas, pero también jugadores de rugby, básquet, hockey y otras disciplinas.
Principalmente trato lesiones musculares, que son las más comunes, como así también tendinopatías (rotuliana y de Aquiles), lesiones articulares (esguinces de tobillo y rodilla principalmente) y rupturas de ligamento cruzado anterior (LCA), además de todo tipo de lesiones derivadas de la práctica deportiva”.
¿Hay algún paciente y su recuperación/lesión que te haya marcado especialmente como profesional?
-“Más que casos puntuales, me marcan aquellos pacientes que atraviesan procesos largos y complejos, donde no pasa solo por una recuperación física sino también por un gran desafío emocional. Ver cómo vuelven a confiar en su cuerpo y retoman sus actividades es realmente gratificante. Pero si tengo que marcar un caso, siempre hablo de mi primer paciente; creo que es donde más aprendí y me hizo encontrar con este mundo que en ese momento era todo nuevo”.
Formás parte del cuerpo médico de Mitre, ¿qué diferencias ves entre tratar a un deportista de alto rendimiento y a un paciente común?
–“La principal diferencia está en las exigencias. El deportista de alto rendimiento necesita volver a competir en el menor tiempo posible y de la mejor forma posible. Se trabaja con objetivos más específicos, mayor intensidad y un seguimiento de todos los días. La realidad es que son personas súper entrenadas, eso nos da un abanico más amplio para poder aplicar diferentes estrategias. A diferencia del paciente del día a día, que se trabaja a intensidades más bajas y sin tiempos específicos de recuperación, lo que da más tranquilidad a la hora de trabajar. De todos modos, hoy en día las personas que realizan deporte recreacional también buscan estar en las mejores condiciones posibles”.
¿Cuáles son las lesiones más comunes en el deporte hoy?
-“Las lesiones más comunes son las musculares, entre ellas las de los músculos isquiotibiales, seguidas por esguinces de tobillo, muy frecuentes en deportistas recreacionales. Y por desgracia aumentó el número de lesiones de ligamento cruzado anterior”.
¿Qué tan importante es la prevención en el deporte?
-“Hablar de prevenir en un 100% una lesión es imposible. Lo que se trata es de reducir ese porcentaje lo más posible. Pero sí, es clave aplicar la prevención: un buen entrenamiento, trabajos de fuerza y movilidad, entre otros ejercicios, sin dejar de lado el descanso adecuado y la alimentación correcta para cada persona, son aspectos que pueden reducir significativamente el riesgo de lesión”.
Aunque trabajás en Santiago del Estero, ¿cómo ves la realidad de la profesión en el país?
-“La kinesiología en Argentina ha crecido mucho en los últimos años, con profesionales de primer nivel altamente capacitados. Sin embargo, todavía hay desafíos grandes, como la valoración y el respeto del trabajo profesional y el acceso a recursos en algunas regiones. Aun así, es una profesión en constante evolución y cada vez más valorada por las personas”.
¿Qué mensaje le darías a quienes quieran elegir esta profesión?
-“Que es una profesión realmente apasionante, que requiere mucho compromiso, formación constante y principalmente vocación de servicio. No se trata solo de tratar una lesión, sino de trabajar con personas, entender sus procesos y acompañarlas en un momento importante de sus vidas. Sin duda, volvería a elegir ser kinesiólogo”.


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