La productora “Dígito Identidad Visual” está realizando un documental sobre Enrique Shaw, el empresario que está rumbo a ser beato, que dirigió Cristalerías Rigolleau y fue militar, entre otras actividades. Juan Martín Ezratty, Director de la productora que realiza videos institucionales y documentales, explicó, en exclusiva para La Palabra que buscan “sobre todo historias que produzcan impacto social, por eso estamos en proceso de hacer un trabajo sobre Shaw, queremos tener el documental para abril del año próximo. Tengo el corazón metido en esto”. Recordemos que en diciembre del año pasado, el Papa León XIV firmó el decreto que reconoce la curación milagrosa de un chico en Suipacha. El ejecutivo de la cristalería Rigolleau, reconocido por su compromiso social y su fe inquebrantable, queda así a las puertas de la santidad.

Para comenzar, ya hicieron un micro con la familia. Hablaron con sus hijos: Sara, Elsa, y el hijo sacerdote, Juan Miguel. “Nos quedamos impresionados con la vida de Enrique. Yo había leído un libro y quedé impactado; pero después de conocer a su familia me di cuenta que daba para mucho más”, contó Ezratty y agregó: “hicimos entrevistas y profundizamos con el tema de la espiritualidad, a través de los hijos y la familia; pero también abordaremos su época en la Armada, y como fundador de instituciones. Como parte de ese trabajo, en dos semanas vamos a estar en Pinamar”. ¿Por qué este lugar? Antes de ser un líder de negocios, Enrique fue un destacado oficial de la Marina; pero su vínculo con esa importante ciudad balnearia nació al casarse con Cecilia Bunge, hija de su fundador, el arquitecto Jorge Bunge. Como yerno del fundador, fue un pilar fundamental para el desarrollo local y llegó a presidir Pinamar S.A.

La historia de Enrique para muchos “es inspiracional”, observó el realizador Ezratty. “Para los que tienen fe y para los que no, es una persona que supo mirar a los ojos, supo descubrir el valor de cada persona, podía hablar con un empresario y con un obrero”, admitió y subrayó: “Shaw tenía una unidad de vida, entonces todo se va articulando”.

Luego recordó: “cuando Enrique vino a trabajar a Rigolleau, decía que tenía que aprender de los demás y lo primero que hizo cuando llegó no fue encerrarse en una oficina, sino ir a ver a los trabajadores. Por otro lado, en una época de conflictos sindicales muy grandes invitaba a comer a su casa a los sindicalistas y le decía a sus hijos que eran personas que lo ayudaban a mejorar la empresa”.

“Saber mirar a los ojos y ver a un operario que necesitaba ver a su madre, que no veía desde hacía 29 años porque estaba en Italia y enviarle una carta felicitándola por el hijo que tenía no tiene nombre. Como Enrique decía, la empresa era una comunidad de personas, donde todos estamos creciendo. Eso me impactó, sumado a su relación familiar. Tenía 9 hijos y cuando llegaba a su casa lo hacía silbando y todos estaban felices porque llegaba su papá. Los amigos de los hijos decían que era divertido ir a su casa porque lo encontraban tirado en el piso jugando con ellos. Fue un padre presente, en la familia y en la empresa”, aseguró Ezratty luego de las entrevistas.

Cuando Shaw falleció estaba en diferentes directorios, además de Rigolleau. Integró la Acción Católica, la UCA (Pontificia Universidad Católica Argentina), y una editorial para difundir cultura y espiritualidad en diferentes lugares del país. “Todo eso en una persona que falleció a los 41 años”, rescató el director del documental al cual le atribuyó facultades de “aprendizaje”. Y añadió: “Cristalerías Rigolleau me abrió las puertas para estar ahí. Pude filmar todas las instalaciones. Grabé personas que lo conocieron. Hubo una mujer que estaba embarazada y él se ocupó de subirle el sueldo y arreglar todo para que tuviera un parto en paz. Entrevistamos a ese hijo, que además fue el único. Shaw fue un mar sin orillas. Una persona me llevó a otra y en todos pude ver el bien que hizo en diferentes lugares de la comunidad. Todos fueron muy amables. Noté una felicidad inmensa en toda la gente que entrevisté”.

Ezratty también habló de Carlos Custer, destacado dirigente sindical. “Fue un honor hablar con él. Empezó a trabajar en Rigolleau a los 16 años y nos contó historias de primera mano con Enrique. Nos contó que era una persona fuerte, con peso, porque en 1956 después de la caída de Juan Domingo Perón no tuvo problemas, que había inconvenientes en todas las empresas, pero en Rigolleau no, por el trato que tenían los dirigentes con los empleados, gracias a Shaw”.

Dígito Identidad filmó en Cristalerías Rigolleau S.A., en el Museo del Vidrio y en la Parroquia Sagrada Familia. También lo harán en la sede social de los trabajadores que tiene pileta y canchas de fútbol.

Detrás de escena

La producción está compuesta por unas 10 personas. Cada documental suele demorar alrededor de un año, y detrás de cada uno hay un gran trabajo de investigación, pre y posproducción, “tiempo oculto que no se ve”, donde hasta las preguntas que se realizan son planeadas.

“Berazategui tuvo el honor de tener durante 16 años a una persona que se hizo santo trabajando, lo que dejó marcas. Shaw es un ejemplo de vida, es inspiración. Es una persona que sacó lo mejor de los demás, que se ocupó de la integridad de la gente que estuvo a su lado. Sigan conociendo la vida de Enrique, les aconsejo que no dejen de lado sus enseñanzas y que apoyen su historia al máximo”, pidió el comunicador.

A su turno, Olga Areán, una reconocida conservadora berazateguense y miembro de ACDE (Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa), entidad impulsada por el propio Shaw, también resaltó la importancia del documental. Ella fue la encargada de coordinar entre las partes: con el Museo, con los representantes de la fábrica Rigolleau, con Carlos Custer, y con todos los que viven en la zona y vayan a estar en la filmación. Vale aclarar que también se hicieron imágenes en la Parroquia Sagrada Familia -148 entre 13 y 14-, donde Shaw iba todos los días a confesarse.

“Participar en la realización del documental fue maravilloso. Fue lindo lo que sucedió con Custer, que tiene 85 años y empezó en la fábrica a los 16. Trabajó con Shaw y fue su amigo. Realmente fue muy emocionante escuchar su parte del relato”, indicó Areán, que desde 1990 coordina Encuentros de Conservación de la Memoria Visual que dependen de la Secretaría de Cultura y Educación de la municipalidad de Berazategui.

Por su parte, Camila Bustamante, directora de los Museos Municipales de Berazategui, contó sus sensaciones sobre las filmaciones en el Complejo Municipal San Francisco. “Las imágenes serán parte del documental. Este trabajo es muy importante porque nos permite la divulgación de la historia local, más allá de su causa. Contamos parte de nuestra historia, el avance demográfico y los puestos de trabajo que se crearon, gracias a Rigolleau. En definitiva, cómo se fue construyendo la identidad vidriera en Berazategui, lo que nos ayuda mucho a difundir nuestra idiosincrasia”.

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