Cada 29 de agosto se celebra en Argentina el Día del Abogado, una fecha que invita a reflexionar sobre el ejercicio de una profesión vinculada con la justicia y la defensa de los derechos. En ese marco, La Palabra dialogó con Mirta Fraile, abogada con más de cinco décadas de trayectoria y una fuerte vinculación con Berazategui, donde tiene uno de sus estudios jurídicos. También cuenta con un estudio en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y mantiene una activa participación en las instituciones de la abogacía.

Fraile es directora de la Caja de Previsión Social para Abogados de la Provincia de Buenos Aires, miembro fundadora de la Asociación de Abogados de Berazategui (entidad que también presidió y de cuya Comisión Directiva forma parte actualmente) y participa de la colegiación.

En su charla con este medio, repasó sus comienzos en la profesión, el impacto de las nuevas tecnologías y la inteligencia artificial, y dejó un mensaje para las nuevas generaciones. El festejo por el Día del Abogado organizado por el Colegio de Abogados de Quilmes será el próximo lunes a las 18 horas, en el Centro de Actividades Municipal Roberto De Vicenzo de Berazategui. Además, la Asociación de Abogados de Berazategui realizará una reunión el viernes siguiente para celebrar la fecha.

-Gran parte de tu trayectoria está vinculada a Berazategui. ¿Cómo recordás tus primeros años ejerciendo la profesión en el distrito?

“Ejerzo desde el año 73 y hace 53 años que estoy instalada en mi estudio de Berazategui. He ejercido en forma ininterrumpida durante todos estos años y han sido cambios inmensos desde aquella época hasta ahora.

Cuando empecé a trabajar no teníamos el Colegio de Abogados de Quilmes; pertenecíamos al de La Plata. Éramos muy pocos abogados en Berazategui, apenas tres o cuatro, y yo fui durante varios años la única mujer hasta que llegó la doctora Diana Pérez Anaya.

Eran épocas en las que viajábamos a tribunales todos los días, movíamos los expedientes de un juzgado a otro y no existía internet. Todo se hacía a pulmón, con papel carbónico para las copias y llevando los escritos personalmente. Era mucho menos práctico que ahora, pero mucho más humano: había mucho más contacto con los expedientes, con los clientes y con las partes. Era una forma absolutamente distinta de ejercer la profesión, pero válida y linda, como esta época, que también es muy buena y muy linda”.


-La abogacía detrás tiene historias personales, muy humanas ¿Qué aprendiste de las personas a las que acompañaste a lo largo de tu carrera?

“Aprendí muchísimo a lo largo de estos 53 años. Soy la persona que soy también gracias a todas las experiencias y a cada uno de los casos que tuve que llevar adelante. Solo tengo gratitud por la gente que defendí y satisfacción por haber podido ayudar a resolver cuestiones tan importantes para las personas.

Han sido muchísimas experiencias, pero todas me dejaron enseñanzas y sabores, más dulces que amargos. Incluso los casos que no pudieron resolverse del todo tuvieron, de alguna manera, un buen resultado”.

-¿Sentís que la gente tiene mucho desconocimiento sobre sus derechos y las herramientas legales que tiene a su alcance?

“Lo que he observado a lo largo de estos años es que cada vez la gente está más informada sobre cuáles son sus derechos y los ejerce. Hace 50 años era muy difícil que una persona conociera sus derechos y se animara a ejercerlos.

Ahora es distinto. Hay muchos medios para informarse y la inteligencia artificial también favoreció esta situación, aunque obviamente puede cometer errores. De todas maneras, permite que las personas conozcan mucho más dónde están paradas y cuáles son sus derechos.

Además, no hay que olvidar que recién en 1983 empezamos a vivir en democracia. Las cosas fueron mejorando hasta llegar a esta época de cambio tecnológico, en la que todos tenemos herramientas a nuestro alcance para conocer nuestros derechos y la fortaleza para ejercerlos”.

-¿Qué postura tiene sobre las nuevas tecnologías como la IA?

“Si bien ayudan, siempre tiene que haber un ser humano que los controle. En una primera aproximación nos puede brindar una respuesta pero obviamente después tiene que estar el rol del profesional”.

-¿Hubo algún caso de tu trayectoria que haya marcado tu profesión?

“Hubo un caso que me sucedió hace unos años que fue muy importante en mi carrera profesional y significó un quiebre. Se trató de un tema de familia, del que no puedo dar demasiados detalles, y que involucró el fallecimiento de un niño de 12 años con discapacidad.

Fue una situación muy compleja por la incidencia que tuvo en el ámbito familiar y significó un antes y un después en mi forma de ejercer la profesión. A partir de entonces entendí la importancia de abordar estos casos desde una mirada integral y con el asesoramiento de profesionales de otras disciplinas, como psicólogos”.

-El Derecho muchas veces es demasiado técnico y difícil de entender. ¿Cómo trabajan para que el cliente comprenda realmente qué está pasando con su caso?

“Nosotros utilizamos términos muy técnicos que tenemos tan incorporados que muchas veces no nos damos cuenta de que la gente no los entiende. Por eso, lo que he tratado de hacer es traducir el lenguaje jurídico para que mi cliente comprenda qué le pasa, cuál es la ley que lo protege, qué camino vamos a tomar y cuáles son los posibles resultados.

Los abogados no podemos asegurar resultados, pero sí debemos hablar con claridad y evitar crear falsas expectativas. Si hablamos con términos técnicos, nadie entiende nada. A mí me pasa lo mismo cuando voy al médico y me habla en términos que no comprendo: mi preocupación aumenta.

El cliente tiene que conocer y entender su situación porque, en definitiva, el problema es de él. El abogado va a poner toda su ciencia para ayudarlo y defender sus derechos, pero el cliente también tiene que participar en las decisiones”.

-¿Cuál es el área en el que más le gusta trabajar?

“Me gusta mucho el área de lo civil: daños y perjuicios, contratos, accidentes de tránsito, lesiones, indemnizaciones, y también familia. En Berazategui, un poco los temas que llegan al estudio fueron determinando mi especialización y, la verdad, el mayor porcentaje corresponde a cuestiones familiares”.

-¿Qué sería lo lindo y lo feo de la profesión a grandes razgos?

“A mí me fascina la abogacía. Creo que no podría haber hecho otra cosa en mi vida que ser abogada y ha sido un placer ejercer la profesión durante todos estos cincuenta y pico de años.

Es una profesión hermosa porque permite ayudar y hacer justicia. Eso es lo que me llevó a ser abogada: el deseo de que, frente a una situación injusta, alguien pueda intervenir y hacer justicia.

También es una profesión estresante, porque los clientes llegan con problemas muy graves y el abogado tiene que tener templanza y paciencia para acompañarlos, incluso cuando uno mismo está atravesando situaciones difíciles. Hay que poner la cabeza fría y acompañar al otro de manera íntegra.

Pero, en el balance final, es una profesión que da muchas satisfacciones. Para mí, hacer justicia es como para un médico sanar a una persona: poner todo lo que uno sabe para lograrlo. Esa satisfacción supera cualquier cuestión económica y es el premio mayor”.

-¿Qué mensaje le deja a las nuevas generaciones?

“Es una profesión hermosa y absolutamente servicial, porque hacer justicia no es poca cosa, sobre todo en épocas como estas. El mensaje para las nuevas generaciones es que se involucren en la sociedad y defiendan las instituciones de la abogacía, como los colegios y las cajas previsionales. Hay que defender todo lo que tanto nos costó conseguir”.

-Si pudieras volver al día en que te recibiste, ¿qué le dirías a esa Mirta que recién estaba por dar sus primeros pasos como abogada?

“Lo que le diría a Mirta y a todos los abogados jóvenes es que aprovechen todas las herramientas que hoy tienen a disposición. La abogacía es una profesión muy independiente y muchas veces solitaria, por eso es importante participar de los colegios, charlar los asuntos con otros colegas, pedir opiniones y capacitarse permanentemente; de hecho, hay varios cursos gratuitos. 

El abogado tiene que estar actualizado porque todos los días aparecen leyes y jurisprudencia nuevas. Antes teníamos muchas menos herramientas y uno tenía que hacerse prácticamente solo. Ahora tienen millones de cosas a disposición: aprovéchenlas”.

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