El fútbol siempre estuvo atravesado por el dinero. Pero en los últimos años, el crecimiento de las apuestas deportivas sumó una nueva preocupación a un deporte que mueve millones. Lo que para muchos comienza como un juego puede convertirse en una adicción.  

Esto no solo alcanza a quienes consumen fútbol y apuestan sobre sus resultados. También se instaló puertas adentro de los clubes, con casos comprobados de manipulación de partidos, jugadores sancionados y representantes vinculados a maniobras destinadas a alterar el desarrollo de los encuentros para obtener beneficios económicos.

La preocupación no se limita a las plataformas clandestinas. Las casas de apuestas legales también ganaron una presencia cada vez mayor en el fútbol local e internacional, a través de publicidades y acuerdos comerciales con clubes y competencias. Las apuestas pasaron a formar parte del paisaje habitual del deporte: en las camisetas, las transmisiones, las redes sociales y las plataformas digitales.

El problema surge cuando ya no solo se apuesta por quién gana o pierde un partido. Las apuestas en vivo permiten jugar dinero sobre situaciones puntuales, como las tarjetas, córners o penales. Así, una acción específica del partido puede convertirse en un objetivo para quienes buscan sacar un beneficio económico.

En el fútbol del ascenso argentino, uno de los casos más conocidos del último tiempo fue el de El Porvenir. En 2025, la AFA suspendió a cuatro jugadores del club y a un representante, en el marco de una investigación por presunta manipulación de partidos y apuestas ilegales.

En ese contexto, el entonces entrenador de El Porvenir, Santiago Fleitas, había expresado en diálogo con La Nación lo siguiente: “Hay muchos entrenadores que están metidos en esto, incluso en sociedad con futbolistas, dirigentes y representantes. Es un circo armado”.

Pero no todos los casos llegan a hacerse públicos. En algunas ocasiones, los clubes toman medidas puertas adentro y optan por rescindir contratos o separar a jugadores de sus planteles. Muchas veces, los motivos reales quedan dentro de la institución y, de cara al público, las salidas se explican por “motivos personales” o “conductas inapropiadas”, con el objetivo de preservar la imagen de las personas involucradas y de la propia institución. Sin embargo, cuando no existen denuncias formales o investigaciones públicas, no es posible confirmar que esas desvinculaciones estén relacionadas con las apuestas deportivas. 

En este escenario se produjo, la semana pasada, la salida de Joaquín Pucheta de la Asociación Deportiva Berazategui. El arquero titular dejó la institución en medio de distintas versiones sobre los motivos de su desvinculación, entre ellas una presunta vinculación con las apuestas deportivas y supuestas conductas poco profesionales.

Sin embargo, hasta el momento no existe una confirmación pública de que el futbolista haya sido sancionado o que se haya comprobado una participación en maniobras vinculadas a apuestas. El propio entrenador de la ADB, Juan José Serrizuela, pidió cautela al referirse al tema en diálogo con Conexión Berazategui.

“Se fue porque también tuvo un problema familiar. Falleció su abuela y las otras versiones que se dijeron, hay que tener pruebas. Yo soy de la idea de no juzgar si no lo veo. No puedo acusar cuando en verdad no lo sé. Es feo ensuciar a una persona sin pruebas”, sostuvo el entrenador.

Serrizuela también remarcó la importancia que Pucheta tenía para el equipo: “Para nosotros es una pérdida importante, porque es un arquero importante”. “Son cosas que no suman porque nosotros queremos lograr el objetivo del ascenso, y estas cosas duelen”, agregó.

Tras la salida del arquero, Berazategui incorporó a Federico Tursi, de 34 años, proveniente de Deportivo Merlo y con una extensa trayectoria en el fútbol de ascenso.

El caso vuelve a poner el foco sobre una problemática que atraviesa al fútbol en todos sus niveles. En un deporte donde las apuestas tienen cada vez más presencia y donde ya existen antecedentes concretos de partidos manipulados, la prevención y la investigación resultan más que importantes. Al mismo tiempo, una acusación sin pruebas puede dañar la reputación y la carrera de una persona, incluso la imagen de una institución.

La discusión, entonces, no pasa solo por si las apuestas son legales o ilegales. El desafío es evitar que el dinero que se mueve alrededor de ellas termine afectando la esencia del fútbol: la competencia y la confianza en que los partidos se ganan dentro de la cancha, con el juego, esfuerzo y profesionalidad de quienes participan de él.

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