Como cada 2 de abril, la Argentina conmemora el Día del Veterano y de los Caídos en la Guerra de Malvinas. A 44 años del conflicto bélico de 1982, la memoria sigue viva en quienes combatieron y también en las familias que quedaron marcadas para siempre.
En medio de cientos de relatos y experiencias aparece la voz de Mirian Cao, atleta, escritora, conferencista y hermana de Marcelo, ex combatiente. Desde Berazategui, su trabajo sostiene una misión clara: mantener viva la memoria y acercar Malvinas a las nuevas generaciones, con un lenguaje claro y desde una mirada totalmente humana.
“La primera cruzada que me tocó atravesar en mi vida fue a los nueve años, cuando vi que Marcelo partía a la guerra”, recordó y señaló: “Nunca más fuimos los mismos en casa, porque él tampoco volvió a ser el mismo”.
La historia de Mirian no empieza en las islas, sino en su casa, en medio de la incertidumbre y el miedo. “Yo era muy chiquita, no entendía qué estaba pasando. Solo quería que mi hermano volviera”, contó. “Me enfermé de la tristeza, porque solo quería que mi hermano volviera”, agregó.
En ese contexto, la familia intentaba sostenerse como podía. “Los chicos siempre estamos atentos a todo. Me enteré por lo que se hablaba en casa, por la tele, por los vecinos que venían a acompañar. En la iglesia rezaban el rosario y tejían bufandas: cada punto era una oración”, relató y explicó que de los seis hermanos, todos lo atravesaron de manera distinta, pero siempre contenidos con el amor de sus padres.
El final de la guerra no trajo un cierre. “Cuando volvió fue una alegría inmensa, pero también sabíamos que empezaba otra guerra: la de la incomprensión, el silencio y el ocultamiento”, aclaró.
Con el paso de los años, esa necesidad de entender se transformó en acción. Mirian encontró en el deporte una puerta inesperada: correr maratones la llevó, en 2013, a pisar por primera vez suelo malvinense. “Después de sanarme, encontré en el deporte una forma de canalizar todo. Tenía 41 años y venía de atravesar un cáncer. Dije: ‘¿por qué no ir a correr a Malvinas?’ Pero no era solo correr, era entender”, explicó.
Desde entonces, volvió en cinco oportunidades. “Siempre digo que va a ser la última vez, pero no puedo dejar de ir. Malvinas te cambia”, afirmó.
Esa experiencia también la llevó a ampliar su mirada. “Malvinas no quedó en 1982. Hoy hay una actualidad muy fuerte: nuestros recursos naturales están siendo explotados ilegalmente. Más de 100 toneladas diarias de calamar se pescan en la zona, además de otros recursos. Y hay intereses en hidrocarburos, gas, petróleo y minerales”, manifestó.
En sus charlas, busca transmitir todo eso y más de una forma simple: “A los chicos les explico que Malvinas tiene historia desde mucho antes de la guerra. Hubo población argentina, mulatos, gauchos, se celebraban fechas patrias”.
Su trabajo incluye la muestra “Malvinas con Mirada de Mujer” y dos libros: uno autobiográfico titulado “Mirian Cao: Malvinas, una cruzada”, y otro destinado a las infancias, “Las Islas Malvinas y el Faro San Felipe”. Sobre este último remarcó que “es para que los chicos descubran el valor de la soberanía y de nuestro archipiélago”.
El proyecto tuvo un respaldo especial: “Le dije al doctor Mussi que iba a ser el padrino del cuento, porque es el primero de Malvinas en Berazategui. Él estaba feliz, aunque no pudo estar en la presentación por su salud. Pero lo leyó y mandó un audio contando cómo nos conocimos”.


En cada charla, las preguntas se repiten. “Me preguntan cómo viajar, por qué se necesita pasaporte, por qué no se puede llevar la bandera. Hay mucho desconocimiento”, señala.
“Yo trato de sacarlos del lugar de la guerra como sangre y muerte. Les propongo pensar qué es la soberanía, conocer la flora, la fauna, los recursos. Y hasta imaginar un viaje de egresados a Malvinas, pero con un trabajo previo”, manifestó.
“Malvinas es todo el año, no solo el 2 de abril. Es parte de nuestra historia constante”, insistió, y agregó: “La soberanía se defiende con educación”.
Sobre su experiencia en las islas, Mirian describió un escenario complejo. “El arribo es en un aeropuerto militarizado, con muchos controles. Hay seriedad, formularios, reglas”, relató.
Sin embargo, aclaró: “No es que te vigilan todo el tiempo. Hay hostilidad si uno provoca. Hay que saber comportarse”.
De todas formas, llevar la identidad argentina no deja de ser un punto sensible. “No siempre se puede mostrar la bandera. En algunos lugares sí, en otros no. En el Cementerio de Darwin, por ejemplo, nos dejan, pero ahora hay una movida de que tiene que ir por debajo de la cintura. Como yo llevé una bandera muy grande, la exhibo por encima de mi cabeza y la dejo flamear con ese viento; esa misma bandera hoy recorre todas las escuelas. Eso genera pertenencia, pero también muestra que hay un lugar donde no nos dejan entonar el Himno Nacional ni desplegar la bandera libremente, ni siquiera usar una camiseta o una escarapela”, explicó.
También describió situaciones difíciles al regresar: “Ahí sí se sienten las hostilidades. Te revisan todo, incluso sin motivo. Me pasó varias veces”.
El vínculo con Juan José Mussi
Una parte clave de su camino está ligada a su relación con el fallecido histórico intendente de Berazategui, Juan José Mussi.

“Nos conocimos en 2017, después de que yo volviera de correr en Malvinas. Él quedó fascinado con mi historia y yo con su compromiso”, recordó.
Desde entonces, construyeron un vínculo cercano. “Me dijo que la educación sobre Malvinas tenía que ser mi tarea. Me impulsó a llevar la muestra a escuelas, a la Feria del Libro, a todos lados”, destacó, y sumó: “De hecho, el lugar en la Feria del Libro me lo dio él. Siempre me apoyó en todo”.
Incluso en momentos personales, el vínculo con el exmandatario local se mantuvo fuerte: “Hay algo que me dijo el año pasado, cuando yo viajé a Malvinas. Me dijo: ‘Miriam, tus ojos van a ser mis ojos. Todo lo que vos me envíes o me cuentes es como si yo estuviera ahí, porque la salud ya no me lo permite’. Yo estaba por ir a correr la maratón y le mandé un mensaje. Me respondió esa misma mañana, cuando estaba por entrar al quirófano para ser operado. Entonces le dije: ‘Doctor, deje, después me contesta’. Así que imaginate la relación que yo tenía con él. Para mí era como un papá. Y él sabía cómo yo vivo Malvinas”.
También dejó su huella en su obra. “En el libro ‘Malvinas, una cruzada’, él escribió un párrafo sobre cómo nos conocimos. Y decía: ‘Si no sos malvinero, después de hablar con Miriam lo vas a ser aún más’”.
En el centro de todo está su hermano, Marcelo, quien eligió el silencio. “Él no quiere hablar de lo que vivió. Y yo lo respeto”, sostuvo.
Sin embargo, hay pequeños gestos que dicen mucho. “Tenemos un pacto: yo no cuento que él es veterano. Así puede estar tranquilo, sin que nadie le pregunte cosas que quizás no quiera remover”.
“Lo que vivieron ellos no lo vamos a entender nunca. Por eso digo que correr 42 kilómetros no se compara con una guerra. Pero fue mi forma de homenajearlo en vida”, aseguró.
Antes de cerrar, con mucha emoción, Mirian compartió un anuncio: en marzo de 2027 volverá a las islas para correr nuevamente la maratón.
“Voy a ir por sexta vez. Esta vez quiero pelear el podio. Este año no pude por cuestiones económicas”, contó entre risas. Pero enseguida aclaró y dejó una frase que resume su misión: “Siempre será defendiendo y marcando de que para mí no es correr, sino defender la soberanía de Malvinas”.


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