Hermenegildo Ocampo Chaparro, vecino de Berazategui desde hace años, y egresado de la quinta promoción del ex Politécnico local, es uno de los nombres que marcaron para siempre la memoria argentina en las Islas Malvinas. Constructor de profesión y nacido en Paraguay, fue él quien, entre noviembre y diciembre de 2003, prefabricó y montó el monumento emplazado en el Cementerio de Darwin, una obra central en el homenaje permanente a los 649 héroes caídos en la guerra.

La iniciativa surgió a partir del pedido de la Comisión de Familiares de Caídos en Malvinas e Islas del Atlántico Sur (integrada mayormente por madres que buscaban un espacio digno para honrar a sus hijos) y tomó forma gracias al pedido y apoyo de Eduardo Eurnekian, quien convocó a Ocampo para que el proyecto pudiera materializarse con precisión y respeto absoluto.

El trabajo implicó un enorme desafío logístico: las piezas del monumento fueron trasladadas en 22 camiones desde Puerto Argentino hasta Darwin. Allí, Ocampo supervisó cada paso de la instalación, acompañado también por el apoyo de habitantes isleños. Las placas de granito ubicadas en el cementerio tienen la frase “Soldado Argentino Solo Conocido por Dios”.

“Trasladarlo a Malvinas fue toda una epopeya. Una vez allí, lo llevé al Cementerio de Darwin en carretones. Con ayuda de los isleños inicié el armado y coloqué las placas. Posteriormente, las madres identificaron las tumbas. Puse las cruces y las estructuras. Haber hecho una obra tan maravillosa como esta dedicada a nuestros soldados me enorgullece y lo voy a llevar para toda la vida”, recordó Ocampo durante el homenaje que recibió hace dos años en el Honorable Concejo Deliberante de Berazategui, donde fue distinguido junto a otros veteranos.

Sin dudas la historia de Hermenegildo Ocampo Chaparro es un ejemplo de oficio, compromiso y memoria.

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