Las altas temperaturas que se vienen registrando en gran parte del país no responden únicamente a un verano intenso. Detrás del calor persistente y sofocante aparece un fenómeno meteorológico conocido como “muro atmosférico”, una configuración que, según explican especialistas, bloquea el ingreso de aire frío y mantiene estancadas masas de aire cálido sobre el territorio.

Se trata de un sistema de alta presión, también llamado anticiclón, que permanece casi inmóvil durante varios días. Esta situación funciona como una barrera atmosférica que impide el avance de frentes fríos desde el sur y favorece la acumulación de aire caliente, elevando las temperaturas por encima de los valores habituales para esta época del año.

Este tipo de bloqueo, al mantenerse estable, no solo evita el recambio de aire, sino que además genera cielos mayormente despejados y vientos predominantes del sector norte, lo que potencia aún más el calor. A esto se suma un proceso llamado subsidencia, por el cual el aire desciende desde capas altas de la atmósfera, se comprime y aumenta su temperatura.

El resultado es un calor persistente, con jornadas que se sienten cada vez más pesadas y con escaso alivio nocturno. En muchas zonas, las mínimas se mantienen elevadas, dando lugar a noches tropicales que profundizan la sensación de agotamiento térmico.

Según los pronósticos, este escenario podría extenderse mientras el sistema de alta presión continúe firme. Recién con el avance de un frente frío más intenso se espera que el “muro” se debilite, permitiendo el ingreso de aire más fresco y un descenso de las temperaturas.

Los especialistas advierten que este tipo de eventos tiene un impacto directo en la salud, especialmente en adultos mayores, niños y personas con enfermedades crónicas. Además, genera una mayor demanda energética por el uso de electrodomésticos como aires acondicionados y ventiladores, afectando también distintas actividades productivas.

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