La crisis política, económica y social que atraviesa Venezuela desde hace años sigue generando repercusiones dentro y fuera del país. Miles de venezolanos debieron emigrar en busca de condiciones de vida dignas, y desde el exterior siguen con atención (y preocupación) cada novedad vinculada al futuro de su tierra natal.
En ese contexto, La Palabra dialogó con Antonio Valenzuela, venezolano que llegó a Buenos Aires, Argentina, en 2018, quien brindó su testimonio en primera persona sobre lo que significó dejar su país y cómo observa hoy la situación actual.
“Como venezolano que tuvo que emigrar en 2018, mi mirada sobre la situación actual del país está profundamente marcada por la experiencia de la hambruna, la escasez y el colapso de los servicios básicos. Mi salida no fue una decisión ideológica, sino una necesidad para sobrevivir. Por eso, cuando hablo del chavismo y de las políticas que han gobernado Venezuela durante más de dos décadas, lo hago desde el impacto directo que tuvieron en mi vida y en la de millones de personas”, expresó Valenzuela, al explicar los motivos que lo llevaron a abandonar Venezuela. “No coincido con ese modelo político ni con sus resultados”, agregó.
Siguiendo la línea, describió un clima social atravesado por el temor y la falta de libertades. “Hoy, Venezuela es un país donde predomina el miedo: familiares y amigos que aún viven allí describen un ambiente de tensión constante, donde opinar, cuestionar o incluso mostrar algún tipo de mensaje contrario al gobierno puede tener consecuencias graves, incluida la detención. La autocensura se volvió una forma de protección”, afirmó.
En relación a las versiones, rumores y noticias que circulan en torno a un posible quiebre del poder político, el venezolano señaló que esos escenarios despiertan emociones encontradas en la población. “Han generado en muchos venezolanos una sensación difícil de describir: una mezcla de satisfacción contenida y esperanza. No porque exista certeza de un cambio inmediato, sino porque, después de más de 20 años, por primera vez se percibe que algo que parecía imposible podría comenzar a moverse”, soltó.
Sin embargo, lejos de hablar de festejos, remarcó que el sentimiento dominante sigue siendo la incertidumbre. “El país se siente a la deriva, sin claridad sobre quién tomará decisiones ni hacia dónde se dirige el proceso. Se habla de negociaciones, de presiones internacionales, de liderazgos externos influyendo en el escenario, pero dentro de Venezuela la población sigue atrapada entre el miedo y la expectativa”, explicó.
Para Valenzuela, el presente se vive en pausa, a la espera de definiciones reales. “Hoy, más que celebraciones, lo que hay es espera. Espera de que cualquier cambio, si llega, sea real y no solo simbólico. Espera de que el costo no vuelva a recaer, como siempre, sobre la gente común. Y espera de que, después de tantos años, Venezuela tenga finalmente la oportunidad de reconstruirse”, cerró.
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