La Palabra visitó El Jardín de Delia, el nuevo espacio gastronómico que funciona dentro de la Casa Maestro Roberto De Vicenzo, en Ranelagh. Se trata de una casa de té que propone una experiencia distinta, donde la gastronomía convive con la historia, la cultura y la memoria de uno de los grandes referentes del deporte argentino.
El proyecto está encabezado por Valeria Biondi, junto a su hermano Nicolás Biondi, socios de la empresa Nicolasa y Filomena, con una extensa trayectoria en el Ranelagh Golf Club. “Tenemos dos emprendimientos gastronómicos en este momento. Uno es el del club de golf y ahora este nuevo proyecto, que es El Jardín de Delia”, explicó Valeria.
El vínculo con la familia De Vicenzo viene desde hace tiempo. Según relató Biondi, el contacto con César y Stella (sobrina del histórico golfista), se fue consolidando con el paso de los años. “Los conozco del club. Se acercaron primero porque querían hacer su boda. Eso fue hace diez años”, recordó.
Aquella celebración fue el inicio de una relación más profunda. “A partir de ahí se creó un vínculo. Empezaron a venir a comer al club, después se hicieron socios, empezaron a jugar al golf, y nos empezamos a ver con más frecuencia”, contó. La presencia constante derivó en una relación de confianza que, con el tiempo, abriría la puerta a un nuevo proyecto.
Mientras la Casa de Roberto De Vicenzo atravesaba un proceso de remodelación, surgieron preguntas que se repetían entre quienes frecuentaban el club. “Mi hermano veía que la casa estaba siendo remodelada y nos preguntábamos: ¿qué es este lugar ahora?, ¿se vendió?, ¿es municipal?, ¿no es municipal?”, relató Valeria, quien es gerenta del emprendimiento gastronómico.
La oportunidad se presentó de manera natural. “Un día Stella estaba comiendo con César en el club y me acerco a saludarlos. Ahí me comentaron que les encantaría tener una conversación con Nico y conmigo sobre la posibilidad de desarrollar algo gastronómico en la casa”, explicó.
Hasta ese momento, el espacio cultural contaba con talleres y eventos, pero sin un servicio gastronómico profesional. “Ellos manejaban una especie de buffet improvisado, con mucha garra y mucho amor, pero no profesionalmente”, señaló. A partir de allí comenzaron las reuniones, las visitas al lugar y la construcción de una idea común. “Vinimos a ver la casa, nos encantó y ahí empezó a tomar forma la idea de una casa de té”, manifestó.
La elección del nombre fue cargada de sentimientos y sensaciones. “La casa tiene mucha presencia de Roberto. Caminás los pasillos y hay fotos de él. El golf también es, o era, un ambiente muy masculino”, explicó Valeria. Sin embargo, remarcó que detrás de la figura pública del golfista hubo siempre una mujer clave: “Roberto siempre fue acompañado por Delia. Fue su sostén. Él viajaba mucho y Delia se hacía cargo de la casa, de los hijos y del jardín”.
Delia fue una apasionada de la jardinería y del diseño floral, y tuvo una participación activa durante años en el Club Argentino de Jardinería. “Mi mamá y mi hermana fueron jardineras durante muchos años y yo también participé. Incluso fui presidenta del grupo de Ranelagh donde estaba Delia”, contó Biondi.
Ese recorrido compartido fue decisivo. “Pensé que era una forma de rendirle un homenaje a la mujer de la casa, darle una presencia femenina al espacio. Así se me ocurrió ponerle El Jardín de Delia”, explicó.
Pero a su vez, apareció una historia que terminó de darle sentido al proyecto. “Cuando empezamos a pensar la imagen del lugar, yo quería algo muy femenino, con flores, colores suaves, delicados”, relató la misma. En ese proceso, recordó un libro que tenía guardado en su casa.
“Lo empiezo a hojear mientras hablaba por teléfono con una amiga y pienso: ‘qué lindo sería usar estas imágenes’. De repente veo que el libro tenía una dedicatoria”, contó. La sorpresa fue inmediata: “Decía: ‘Para Valeria, mi amiga y compañera en el Club Argentino de Jardinería’, y estaba firmado por Delia”.
El hallazgo la impactó aún más al revisar la fecha. “Yo había escrito abril de 2014. Diez años después surge este proyecto y yo estoy en su casa, en su jardín”, recordó. Para ella, ese libro se transformó en un objeto cargado de significado. “Es un tesoro. Roberto le traía libros del exterior a Delia y ella, con una generosidad enorme, me regaló uno de los suyos”.
El Jardín de Delia no solo respeta la historia del lugar, sino que la integra a la experiencia cotidiana. “Nuestra cocina funciona donde ellos comían, donde desayunaban, en el comedor diario. Era el corazón de la casa”, explicó. Los muebles originales se conservan y conviven con equipamiento moderno necesario para el funcionamiento gastronómico.
Además, se exhiben objetos y vajillas pertenecientes a la familia De Vicenzo, que forman parte del patrimonio del lugar. “No las usamos, pero están ahí, porque son de ellos”, aclaró.
La propuesta incluye cafetería, servicio de té, brunch, almuerzos y eventos, con una carta basada en productos artesanales. “La pastelería es muy casera y la hace mi hermana Natalia. Los panes se elaboran en el club, el salmón ahumado lo hace mi hermano y la pasta también. Casi todo tiene como un toque que no es industrial. Intentamos que sea un lugar cálido”, detalló.
En cuanto al servicio de té, se ofrecen opciones tradicionales, saquitos y una línea de tés en hebras importadas, con blends especiales para degustación, servidos en una selección de tazas antiguas.
Aunque la casa no llama la atención desde afuera, quienes ingresan se sorprenden. “La gente entra y dice: ‘no sabía que esto estaba acá’. Es como un jardín secreto”, describió Valeria. El entorno natural, el silencio y el sonido de los pájaros forman parte de la experiencia.
“Creo que la gente siente mucha tranquilidad. Les gusta venir, sentarse y quedarse. Eso no pasa en un lugar que da a la calle, con ruido”, señaló. Por eso, el servicio busca acompañar sin invadir: música suave, atención cuidada y un clima que invita a la lectura, al trabajo o simplemente al descanso.
Actualmente, el espacio funciona en horario de verano, de martes a domingos de 15 a 20.30 horas, y durante el año abre también al mediodía. “Me gustaría que la gente tome este lugar como un espacio para desconectarse, para absorber la cultura que ofrece la casa, agarrar un libro si quieren, y quedarse un rato”, expresó.
Para cerrar, Valeria destacó el trabajo conjunto con los responsables de la Casa Maestro De Vicenzo. “Quiero agradecer a César y a Stella, que confían en nosotros. Estamos aprendiendo juntos a hacer funcionar una casa de cultura y una casa de té”, afirmó. “Los acompañamos en los eventos, en los shows, y tratamos de dar cada vez un mejor servicio. Además, son muy buenas personas, y cuando eso pasa, todo se hace más fácil”, concluyó.








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