El Servicio Meteorológico Nacional advirtió que entre enero y marzo se esperan temperaturas más altas de lo normal, con mayor probabilidad de olas de calor. En ese contexto, el golpe de calor vuelve a ser una de las principales preocupaciones sanitarias, especialmente en bebés y niños pequeños, que integran los grupos más vulnerables junto con las personas mayores.

Según el Ministerio de Salud de la Nación, el golpe de calor es una afección grave que se produce cuando el cuerpo no logra regular su temperatura y esta alcanza o supera los 40 grados. No se trata solo de “un día de mucho calor”, sino de la exposición prolongada a altas temperaturas, sobre todo cuando durante la noche no hay un descenso que permita al organismo recuperarse.

“El golpe de calor es una manera coloquial de explicar las consecuencias de las olas de calor intensas o de las altas temperaturas tanto en la salud de los niños como de los ancianos. Un día de calor se puede soportar, pero cuando las temperaturas superan los 30° durante varios días y no descienden durante la noche, estas personas empiezan a ser afectadas”, explicó la pediatra Inés Larramendy en diálogo con la Agencia de Noticias Científicas de la UNQ. En esos casos, detalló que se eleva la temperatura corporal, la piel se vuelve roja y seca (sin transpiración), aumenta la frecuencia cardíaca y respiratoria y aparece un fuerte dolor de cabeza. En situaciones más severas pueden presentarse mareos, convulsiones, delirios o incluso pérdida del conocimiento.

Antes de llegar a ese cuadro, suele aparecer el llamado “agotamiento por calor”. Entre los síntomas más frecuentes se encuentran la sudoración excesiva, el cansancio extremo, la sensación de calor sofocante, dolores abdominales e irritabilidad. En los bebés, además, puede observarse irritación intensa de la piel en zonas como el cuello, el pecho, las axilas, los pliegues de los codos y el área del pañal. “Lo más común en los niños es la deshidratación, la pérdida de líquido por transpiración o vómitos”, agregó la especialista.

Los menores de cinco años (y especialmente los recién nacidos) son los más expuestos, al igual que aquellos que padecen enfermedades crónicas, fiebre, diarrea, obesidad, desnutrición o quemaduras solares.

Para prevenir el golpe de calor, los profesionales recomiendan extremar los cuidados. En el caso de los lactantes, es fundamental ofrecer el pecho con mayor frecuencia. A partir de los seis meses, se pueden sumar alimentos frescos, como frutas y verduras crudas. Si no se cuenta con aire acondicionado, se aconseja bañarlos seguido, mojarles la cabeza incluso durante la madrugada, ofrecerles agua y colocar una toalla húmeda sobre la frente. Cuando hay aire acondicionado, la temperatura ideal oscila entre los 24 y 26 grados.

En los niños más grandes, es clave asegurar una hidratación constante con agua segura o jugos naturales, reducir la actividad física durante las horas de más calor y evitar la exposición al sol entre las 10 y las 16. También se recomienda usar ropa holgada y liviana, aplicar protector solar y mantener los hogares lo más frescos posible, evitando que el sol ingrese directamente por las ventanas y utilizando ventiladores o aire acondicionado.

Ante la aparición de síntomas compatibles con un golpe de calor, el Ministerio de Salud indica actuar de inmediato: llevar al niño a un lugar fresco y ventilado, desvestirlo, refrescarlo con agua fría y ofrecer pecho o agua con mayor frecuencia. Además, se aconseja consultar rápidamente con un profesional de la salud.

Con estas temperaturas altas, la prevención y la atención temprana son claves. No para entrar en pánico, sino para estar atentos, sobre todo cuando se trata de los más chicos.

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